—Buona sera.— saludé a Rafael al llegar a casa. —¿Estás aprendiendo italiano?— sus ojos estaban llenos de la misma ilusión que los de un niño la mañana de reyes. Asentí complacida.—¿Qué más sabes decir? —Io bebono aqua.—contesté con toda la seguridad que me daba haber superado las tres primeras lecciones en duolingo. —Te estás convirtiendo en toda una experta.—bromeó. —Qué bien huele.— seguí el rastro hasta la cocina, donde encontré una olla llena de pasta esperándome. —Gracias, es la receta de mi abuela María.—Rafael vino y me abrazó por la espalda.—¿Qué tal tu día? Era sorprendente la normalidad en la que me encontraba en ese momento, me sentía como una de esas parejas felices de película que disfrutan juntos los instantes de la vida cotidiana antes de que ella sea asesinada. —Bi

