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668 Palabras

Alex no dejó de llorar desde que estuvo fuera de la vista de la banda rival hasta que me acompañó hasta la puerta de mi casa, cualquiera diría que era a él a quien estaban obligando a casarse. Fue un alivio que se fuera de mi casa, prefería estar sola a tener que consolarle cuando yo misma era la principal afectada. —No os vais a creer lo que ha pasado.— anuncié con el anillo entre los dedos cuando Sombra y Tormenta me recibieron al abrir la última cerradura.—Yo también me alegro de veros.— en este momento era especialmente cierto, ya que cuando las dejé no sabía si sería mi última ocasión de disfrutar de ellas.—Tendremos que hacer un poco de hueco para Rafael.— seguían dejando que las acariciase, sabía perfectamente que su actitud iba a ser muy distinta cuando él apareciese pretendiendo

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