Leonardo junto con Julieta viajaron a Londres, en una tarde lluviosa estos llegaron hasta la entrada de la mansión de Antonio y Ariana, tomados de la mano fueron recibidos por Antonio. —Hermanito, al fin está aquí —dijo Antonio con una sonrisa que iluminaba su atractivo rostro. —Hermanito, te ves muy bien, has crecido —dijo Leonardo con una sonrisa mientras tocaba el abdomen de su hermano, que estaba ligeramente más abultado que de costumbre. Julieta sonrió y bajó la mirada, Antonio seguía siendo igual de atractivo, sin embargo en ese momento se había descuidado tan solo un poco, pues los nervios por la llegada de su pequeña hija lo habían hecho comer más de la cuenta. Antonio le dió un golpe a Leonardo con una pequeña toalla que colgaba de su hombro, pues este estaba secando los b
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