⭐︎DANIEL⭐︎
—Has venido al lugar correcto. Menos mal que no estaba ocupado. Puedes imaginar que hay mucha demanda de un negociador de rehenes entrenado por el FBI— dice el conductor.
Aprieto los puños en mi regazo y no respondo. Los tres viajamos en una Land Rover con James Hockey, el hombre que habíamos contratado para negociar un acuerdo con Épsilon Cinco. Hemos estado conduciendo hacia la jungla durante las últimas tres horas, y Hockey no se ha callado en todo el tiempo sobre el éxito y el prodigio que es.
Pero Adesh ha descubierto todo lo que necesitamos saber sobre Hockey. Es un cocainómano desempleado que había sido expulsado del FBI por corrupción y abuso de poder. Me había enterado por algunas fuentes de que Hockey no había conseguido trabajo ni un solo día en ocho meses y que está durmiendo en el sofá de una prostituta local con un espirito generoso. Dejando todo eso de lado, Sé que Hockey haría cualquier cosa por dinero y, a pesar de todo, es un negociador de rehenes cualificado. Lo necesitaremos para negociar un paso seguro al territorio de Épsilon Cinco en lo profundo de la selva.
Pero me preocupa que le retuerzan el cuello a Hockey antes de eso. Como mínimo quiero echarlo del coche, aunque Hockey es quién conduce. Hockey es un idiota desenfrenado. Es un imbécil fanfarrón. Y ha coqueteado con Solange. Eso hace que lo odie más que a nadie.
—Puedo levantar 220 libras en peso muerto— le dice Hockey a Solange, mirándola en el asiento trasero por el espejo retrovisor.
—He perdido peso desde que estuve en una avalancha de lodo— le dice Adesh desde el asiento trasero. —Se necesita mucho cardio para nadar en lodo. Y luego creo que mi metabolismo se aceleró cuando Hulk casi mata a Daniel. He bajado dos hoyos en mi cinturón—
—Hulk casi no me mató. Casi lo mato— corrijo a Adesh —Pero no lo mate porque matar a un querido personaje de comic seria mal karma, y necesito todo el buen karma que pueda conseguir.
—Tengo que admitir que lloré cuando murió Iron man— dice Adesh.
Solange ha estado callada durante el viaje. Ha estado mirando por la ventana todo el tiempo e ignora a Hockey cuando intenta coquetear con ella. Me pregunto en que estará pensando. Ha pasado por más en la última semana de lo que la mayoría de la gente pasa en toda su vida. En realidad, en la última semana, ha pasado por lo que nadie ha pasado jamás.
He hecho un trabajo miserable protegiéndola. Casi he hecho que la maten media docena de veces, y ahora vamos a ir a la selva colombiana para encestar un triple en el centro. En otras palabras, espero una oportunidad remota, pero hay una buena posibilidad que falle y todos terminemos muertos.
Hockey detiene el auto al borde de un claro. —Ustedes pueden estirar un poco las piernas. Esto podría tomar un poco de tiempo. Voy a caminar hasta un campamento en la maleza al otro lado del claro. Conozco a estos tipos, así que es pan comido. Solo tengo que convencerlos de que nos den paso a través de la selva para encontrar a sus hombres—
Hockey se da una palmada en los muslos. —Está bien, ¿Quieres darme un beso para la buena suerte?— le pregunta a Solange por el espejo retrovisor.
—¿Qué tal si yo te doy un beso?— le pregunto, mostrándole un gran puño.
—Volveré tan rápido como pueda— dice, mirando mi puño y saliendo del coche a toda prisa.
—Tengo que orinar— dice Solange y sale también.
Adesh y yo también salimos, y observo a Solange mientras desaparece entre los árboles. Reaparece un par de minutos después. Hockey está a medio camino del claro. Adesh arroja una computadora portátil sobre el capo del coche y toca las teclas.
—¿Lo tienes rastreado?— le pregunto a Adesh.
—Claro como el agua— dice Solange.
—¿Qué es claro como el agua?—
—Metí un botón de GPS en el bolsillo de cara de idiota— le digo.
Adesh señala un punto en su pantalla. Ahí está. el botón está equipado con detección de calor. Detectara a otras personas. No confió en Hockey—
—Confío en él. simplemente no me cae bien— digo.
—A mí tampoco me cae bien. Hace que mi almuerzo vuelva a estar en mis manos— dice Solange.
Eso es música para mis oídos. Me he convertido irrazonablemente celoso de la atención que Hockey le presta. —¿En serio? ¿Quieres que lo elimine?— le pregunto. —Solo hazme una señal y lo eliminaré—
—Pensé que te estabas tomando tu descanso de matar—
—Ah, cierto. Lo olvidé— me aparto del coche y veo a Hockey caminar hacia la jungla. —Está de incógnito—
Adesh señala la pantalla, —Ahí está, y tiene compañía—
Los tres observamos el punto rojo de Hockey, mientras se le unen al menos treinta puntos verdes.
—Espero que tenga razón y sea amigo de esos puntos verdes— dice Solange
—Le diste trescientos mil dólares para convertirlos en sus amigos— le digo . —Y esto es lo que solía hacer para ganarse la vida. Así que, si puede controlar su personalidad de imbécil, creo que estará aquí—
Adesh señala la pantalla de nuevo. —Mira más puntos verdes—
—Es un mar verde— señala Solange.
—Hockey está siendo invadido. Eso no es bueno— digo, afirmando lo obvio.
Los tres nos apartamos del monitor de la computadora para observar el grupo de árboles frente a nosotros.
—No oigo nada— dice Adesh, —No gritos ni disparos. Eso es bueno ¿verdad?—
—Es un negociador. Probablemente este negociando— dice Solange, siempre optimista.
Le tomo la mano y se la aprieto suavemente. —Estarás bien—
—Al menos no estamos en una montaña de lodo bajo un aguacero torrencial— me dice con una sonrisa.
—Se va con la mayoría de los puntos verdes a lo más profundo de la selva— dice Adesh. —Y los otros puntos verdes se quedan atrás—
—Ahí están— señalo al otro lado del claro. Tres hombres camuflados caminan hacia nosotros. Uno de ellos agita un pañuelo blanco sobre su cabeza. —Sube al coche y túmbate en el suelo del asiento trasero— le digo a Solange.
—De ninguna manera. No me perderé esto, y no me voy a separar de tu lado—
Le aprieto la mano. —Te sientes más segura conmigo cerca, ¿eh?—
—No, quiero ayudarte en caso de que una princesa psicópata te secuestre de nuevo—
Camino con Adesh y Solange hacia los soldados en el claro. Nos detenemos en el centro del claro.
—¿Cómo están?— pregunto a los soldados jovialmente y tiendo la mano al hombre más cercano. El hombre me estrecha la mano.
—Tomamos a tu hombre como rehén— me dice.
Me río, echando la cabeza hacia atrás. —¿Tomaron al negociador de rehenes como rehén?— pregunto, todavía riendo. —¡El negociador de rehenes es un rehén!—
Estallo en carcajadas. No puedo contenerme. Los tres soldados tambien empiezan a reír. Sin embargo, Solange no se rie. Me mira con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
—Lo entiendo— dice Adesh. —Es irónico—
—Es trágico— corrige Solange- —Nuestro hombre está siendo retenido como rehén. ¿Y ahora que vamos a hacer? ¿Cuánto dinero quieren por dejarlo ir?— pregunta a los soldados.
—¿Eres la mujer rica?—
—Si— dice con sinceridad.
—Un millón de dólares— le dicen.
¿Un millón de dólares? ¿Están locos?, me pregunto. Tengo una .32 atada al tobillo y probablemente necesitaría usarla antes de que esto termine. No tendría ningún problema con los tres soldados, pero estoy seguro de que hay un montón de puntos verdes apuntándonos con armas desde el escondite de los árboles.
—Ya tienen trecientos mil dólares— les dice Solange. —Les daré otros setecientos mil dólares cuando regresemos al pueblo después de que terminemos lo que tenemos que hacer en la jungla. Liberarán a Hockey y nos darán un salvoconducto para el campamento de Épsilon Cinco, y no me digan que no saben dónde está eso— dice ella, levantando la mano como si fuera su madre diciéndoles que tienen que limpiar su habitación. —Si no hacen todo eso, no conseguirán nada. tenemos un francotirador en la línea de árboles con ustedes en la mira ahora mismo. Si quieren una guerra, les daremos una. O pueden ser inteligentes y hacerse setecientos mil dólares más ricos—
Solange nunca me pareció más hermosa que en este mismo instante. He recorrido un largo camino desde que era una mujer asustada y desnuda con una placa de identificación atornillada en la oreja. Ahora está segura de sí misma. ¡Maldita sea, si tan solo pudiera tener ocho segundos a solas con ella!
—Trato hecho— dice uno de los soldados. Parece un poco conmocionado por la respuesta exigente de Solange.
—Eres Daniel Stone— me pregunta otro soldado? Asiento. —Tus amigos te esperan no muy lejos de aquí. Ya habían oído que venías—
—Me lo imaginaba— digo. Probablemente sabían que vendríamos antes que nosotros.