Después de los cuarenta años las mujeres entramos en una edad donde nuestras hormonas se revolucionan y nos convierten en rehenes de nuestras fantasías y necesidades. Nuestra v****a o se seca o empieza a segregar con más intensidad, depende de la suerte para cada quien. En mi caso ocurrió lo segundo (y no sé si estar feliz o frustrada) pues entró en un estado de palpitaciones y cosquilleos intensos que secretan flujos tibios que me mojaban. Por su parte, mis pechos se pusieron más gordos, si es que fuera posible, y mis pezones más erectos y sensibles. Cuando me bañaba por las noches, el agua tibia me estremecía el cuerpo y empezaba a fantasear situaciones demasiado sórdidas. Mientras el agua me empapaba la piel, cada poro se me erizaba y de mi carne expendían feromonas que pretendían atra

