Charles se había propuesto ponerse más en serio con su trabajo tras haber discutido con su esposa, y así lo había hecho durante algunos días. Aquel sábado, aprovechando que su mujer había quedado con Nicky, regresó a hablar con Leonor. Llevaba en una carpeta las fotografías que Miguel le había facilitado. Quería averiguar lo que sabía de cada persona. Se llevaría, también, un cuaderno para anotar lo que le iba diciendo. Había comprado en la multitienda unos dulces. No creyó conveniente ir a molestarla con las manos vacías. Tocó a la puerta de esta paciencia dos veces antes de que ella le abriera. —Buenos días, señora Leonor – la saludó–. Vengo a hablar con usted de nuevo. ¿Tendría tiempo para atenderme? Ella asintió. Extendió la mano indicándole que podía pasar a la casa. Le pidió que

