Tras nuestra última ronda de alcohol nos dedicamos a sudar y dejar nuestras frustraciones con la música. Poco después de vomitar fuera del lugar y beber dos botellas de agua me sentía exhausta y lista para irme. Algo mareada entre de nuevo en el lugar, de pronto el ambiente caliente y lleno de olores raros no me llamo tanto la atención. Ya no estaba tan borracha como para pasarlo por alto. En realidad, estaba sintiendo la necesidad de vomitar otra vez.
Me recosté en la pared cerca de la entrada, para ver por mi vista periférica a Rainer. Fruncí el ceño y llevé mi tercera botella de agua a la boca. Creí que se había ido.
Mire con curiosidad como se sentaba en una mesa con tres chicas, deseche la botella de agua y mire a unas mesas más allá, Stephano estaba sentado con Liza. Al parecer los planes de ella se habían ido al caño cuando apareció una novia celosa y le derrumbó el plan de un trío entre ella y dos chicos calientes. Le había ofrecido llevarla a casa, pero ella estaba aún muy tocada por lo que fuera que había consumido y no pensaba irse aún. Intenté convencerla sin éxito, Steph lo estaba intentando ahora.
Realmente no quería dejarla en ese estado. Sus amigos se habían ido al parecer y no tenía con quien quedarse, podía ser peligroso.
Sin evitarlo eche un vistazo hacia Rainer, este estaba caminando hacia mí, con una mujer de la mano, era hermosa de pelo n***o largo y lacio. Pasaron a mi lado como si no estuviera ahí, solo sentí el aire frío de la noche abrazarme la espalda cuando abrieron para irse.
Hubiera querido que eso no se sintiera como lo hizo.
"No tiene nada que ver conmigo".
Suspire cansada, solo quería ir a casa.
Me acerque a Liza y Steph.
—Esta lista para irse ¿cierto cariño? —Liza asintió tontamente.
—Bien ¿y tú? —pregunté — ¿Estas en condiciones de conducir?
—Para nada —rio— llamare un Uber y mañana veré que hago con el auto.
—Está bien, salgamos de aquí.
Salimos de ahí y esperamos a la par de mi sedán por el Uber de Steph. Liza estaba en los asientos de atrás, inconsciente, o eso esperaba. Si estaba muerta, eso iba a ser un problema.
—Más tarde no voy a soportar a Bianca —masajee mis sienes con pesar.
—Maldición, había olvidado que era...
—¿Día pre-cumpleaños?
—Será un desastre.
—Siempre lo es.
Hice una mueca. El día apenas comenzaba.
[...]
Había llegado a casa a las cuatro de la mañana, mi auto tenía vomito en los asientos de atrás y yo olía horrible.
Tome una ducha, parpadee y la alarma estaba sonando con el molesto tono de campanas que había escogido meses atrás. En verdad odiaba ese tono.
Gruñí y me puse de pie, mi cabello era un desastre semi húmedo y estaba tan pálida que parecía enferma.
Sorbí por la nariz, no debí haberme tomado las últimas dos rondas de tequila.
Tome la plancha y alise mi cabello, con corrector ligero cubrí mis ojeras y agregue un ligero rubor en crema. Con eso fingí la apariencia de alguien que había dormido sus ocho horas, el maquillaje era aterrador.
Miré por la ventana, un sábado que pude pasar durmiendo. Suspire. Las cosas que hacía por mi hermana a veces me sobrepasaban.
Tome unos tenis del armario y una sudadera. Recordaba el primer "día pre-cumpleaños" de Bianca, la fantástica idea surgió nueve años atrás, cuando el planificador de su fiesta confundió la locación en las invitaciones mezclando la del salón que mi hermana quería, con la de otra niña de cinco años. El lugar acabó siendo una granja con ponys de crin trenzada.
Eso sí que fue un drama, sonreí.
Después de eso Bianca juro que jamás confiaría en otro planificador de eventos y por eso estaba aquí, con resaca a las siete de la mañana lista para desayunar y pasar el resto del día corroborando detalles para que todo fuera perfecto.
Baje y media hora después me encontraba en el comedor con otras tres personas, quiénes nos habíamos autodenominado "esclavos personales por un día".
Stephano estaba a mi lado, bebiendo café como si su vida dependiera de ello, a la cabeza estaba Bianca, dándole una probada a su yogurt griego con fresas.
Del otro lado estaba Sarah Jones empinándose una mimosa como si fueran las seis de la tarde. Ella era una joven alta, atlética de cabello rubio artificial, piel blanca y un carácter de perros. La conocía desde hace un buen tiempo, ella y mi hermana eran compañeras de facultad, se hicieron inseparables en poco tiempo. Aunque no nos soportábamos del todo, Sarah era la incondicional de Bianca, así que aquí estaba.
Frente a mi Anisa Buchanan mordía un cup cake de chocolate. Debía admitir que me sorprendió al verla entrar por la puerta, creí que su novio le pediría un favor ridículo para no poder reunirse con nosotros. Eso pasaba mucho últimamente, en realidad esta era la primera vez en casi un mes que la veía sin su estúpido novio. Y ella se veía muy feliz de estar aquí.
Estire mi brazo y retire uno de sus rizos oscuros que estaba a punto de embarrase con la crema batida de su desayuno. Sonrió y me mostró su tierna sonrisa que resaltaba en su piel morena, sus ojos oscuros brillaron con dulzura y aparecieron sus hoyuelos. Ella era un poco más bajita que yo y con esos hoyuelos simplemente era adorable. Amable, sonriente y tranquila, esa era ella.
Anisa y Stephano eran mis incondicionales, en algún punto también se convirtieron en aliados de Bianca, quizá más a la fuerza que por gusto propio, pero podía contar con ellos.
Mordí una manzana, aún estaba insegura de si iba a poder retenerla o si tendría que vomitarla en alguna esquina. La resaca me estaba destrozando.
Bianca me paso una hoja doblada en cuatro.
—Léelo por mi ¿sí? —dijo como niña pequeña.
Suspire.
—Haber —le di un vistazo general al esquema sencillo hecho a lápiz en la hoja—, el grupo está así: Sarah y Anisa, ustedes dos se encargarán de ir al salón de eventos —Bianca le paso a Sarah otra hoja.
—Esos son los detalles finales, pueden poner sus lindas botas en el trasero del planificador si no está todo perfecto —Bianca metió una fresa en su boca y sonrió con malicia.
—Diversión —comentó Sarah con sarcasmo, guardo el papel en el case de su celular.
—Stephano —proseguí—, tú acompañaras a mi hermana a su cita en el Spa —Steph sonrió rígidamente, cada año uno de nosotros la acompañaba. Dependiendo del humor de Bianca podía ser algo que disfrutarás, o no.
—Probaremos la nueva mascara de luz LED —agregó Bianca con entusiasmo. Steph simplemente se acabó su café para pedir otro.
—Y yo —dije con pesadez—recogeré el vestido y los zapatos para la prueba final, la modista debería estar aquí a las dos para ajustar retoques, de paso comprobaré el menú, servicio de meseros y la ¿escultura de hielo?
Mi hermana sonrió amplio —La pedí de último minuto.
Fruncí el ceño.
No necesitaba una escultura de hielo.
Me abstuve de hacer comentarios.
—Todo debe estar listo a las cinco ¿dudas?
Lógicamente no habría ninguna, año con año las tareas eran similares y generalmente de todo lo que hablaba Bianca una semana antes de su cumpleaños era de esta fiesta, así que teníamos una idea de lo que quería.
Terminé mi manzana y me fui antes que todos. El vestido y zapatos eran lo primero que tenía que recoger para poder estar aquí antes de que la modista llegara. Aun no entendía por qué no podía Bianca ir a la boutique ella misma para los ajustes.
Bufe, de nada servía quejarme.
Me detuve al lado de mi Mercedes blanco, con las llaves balanceándose en mis manos graciosamente.
Sonreí muy a mi pesar casi al borde de comenzar a llorar.
Liza había vomitado los asientos hoy en la mañana. No iba a subirme a este, no cuando descuidadamente lo había dejado en medio de la entrada de la casa, bajo el deslumbrante sol de la mañana. Más tarde tendría que hablar con papá sobre la idea de adquirir un nuevo auto o un cambio urgente de tapicería.
—¿Problemas? —cerré los ojos.
Presentía que hoy no sería mi día. Sobre todo, por mi resaca, eso ya era haber empezado con el pie izquierdo.
—No, para nada —dije sin humor.
—No me lo parece.
Me gire sobre los pies sintiendo la necesidad de entornar los ojos, Rainer estaba a unos pasos de distancia, pulcro, vestido de traje y con un gesto serio en su cara. A diferencia de mi apariencia lamentable, él no parecía estar ni un poco afectado por lo de anoche. En realidad, hasta ahora no sabía cómo es que había dado con esa fiesta, aunque no me importaba.
—¿Qué haces aquí? —pregunte maleducadamente.
—De visita.
—Pierdes tu tiempo, mis padres no están —me gire para echarle un vistazo a la mancha en el cuero color beige de mi hermoso auto. Estaba segura de que en cuanto abriera la puerta olería a cadáver en descomposición.
"Que desgracia".
—No he venido por ellos.
Curiosa, regrese mi mirada a él y alce una ceja interrogante sin lograr que dijera nada más. Al parecer quería que le preguntara.
—Entonces —agregué— ¿a quién vienes a ver?
—A Bianca.
Me habría gustado poder evitar la sorpresa en mi cara, pero fue demasiado tarde.
—¿Bianca?
—Aunque ahora creo que voy a entretenerme contigo.
Alce ambas cejas sorprendida, ¿Qué era? ¿su bufón?
No iba a continuar esta conversación. Desvié mis pensamientos a la camioneta negra en la entrada. El chófer debía estar con mis padres a esta hora y Steph se iría con mi hermana. Anisa no había traído auto por lo que se iría con Sarah y nuestras rutas no coincidían. Mordí mis labios con resignación, no terminaríamos nunca si las hacía desviarse del camino.
"Uber, el mejor invento del siglo".
Tome el celular de mi bolsillo trasero del pantalón y observe la pantalla, el n***o profundo fue lo único que obtuve. Porque claro no lo había puesto a cargar en la madrugada.
Mire a Rainer, estaba atento a mis acciones. Lo pensé, quizá podría servirme de algo.
—Préstame las llaves de tu camioneta —creí que no me había escuchado por que parpadeo varias veces sin responder—. Dije que...
—Te escuche.
—¿Eso es un no? —no esperaba que aceptara de todos modos, era una medida desesperada.
—No vas a manejar mi camioneta.
Me cruce de brazos, está bien que no quisiera prestármela, pero ¿Qué con esa respuesta?
—¿Crees que no puedo?
—No me importa si puedes o no —contesto divertido—, tú no manejaras mi camioneta.
Me prepare para insultarlo: —Eres un...
—Pero puedo llevarte.
Cerré la boca y lo vi sospechosamente, eso era amable de su parte. Y por lo mismo no podía estar muy cómoda con ello, pero no tenía ganas de discutir ni de esperar en mi habitación hasta recargar el celular y pedir Uber en cada maldita esquina de Arglenton, esta ciudad podía ser un dolor de cabeza.
—Bien.
—Excelente.
Caminamos por el empedrado hasta la monstruosa camioneta negra, Rainer abrió la puerta para mi haciendo todo un teatro de ello.
—Ridículo—susurre muy despacio sin en verdad querer decirlo, pero con toda la burla escrita en mi cara.
—No te escuche.
—Que mal, no voy a repetirlo —tampoco era algo que necesitara oír.
Su brillante sonrisa me mostro todos sus dientes, parecía relucir de diversión.
—Espero que ese susurro hayan sido las gracias por este favor.
"No tiene tanta suerte".
—Voy a aclararte algo, esto está pasando solo porque te ofreciste.
Su carcajada acaparo mi atención.
—¿Así? Hace poco me estabas pidiendo las llaves.
—Y luego tú te ofreciste.
Puso la llave en el interruptor de encendido, pero en lugar de arrancar me miro.
—Anoche tampoco me lo agradeciste —entrecerré los ojos—, y ahora que lo recuerdo, tampoco te disculpaste.
Lo mire con desagrado.
—No voy a disculparme por nada.
—¿Y agradecerme?
—Aún menos.
—Creo que no te enseñaron modales, cuando alguien...
—Ahórratelo y conduce.
Dije antes de que empezara con un sermón lleno de sátira, no lo necesitaba y mucho menos viniendo de él. Tome el cinturón a mi lado.
—De acuerdo —detuve mis movimientos, oh yo no era tonta, ese tono despreocupado y altanero fue suficiente para saber que esto iba a costarme caro—, hare como que nada paso, pero por algo a cambio.
Y no me equivocaba.
"Oportunista descarado..."
—¿Qué? —exasperada solté el cinturón de seguridad.
—Ayer fuiste un poco grosera ¿no crees? —me reí con ganas en su cara, tenía que estar bromeando, al parecer era de las personas a las que les encantaba repetir el tema.
— ¿Y tú no?
—¿De qué hablas? —pretendió ser un ingenuo—. Yo no patee a nadie.
Contuve las ganas de reír. Frote mis labios con los dedos tratando de recobrar un gesto sin ánimos.
—Bien, quieres una compensación por haber dañado la joya de la corona, entiendo. Escúpelo.
—Eres muy mandona.
—Rainer... —terminaría lanzándole mi celular en la cabeza.
—Un beso.
Esta vez tuve que tragar mi risa.
—No lo puedo creer —sonreí saboreando la diversión —. ¿La pelinegra de anoche no fue tan buena como yo?
—¿Celosa? —no conteste, pero la sonrisa no se desvaneció ni un poco.
—¿Hay algo de lo que tenga que estar celosa?
—Eso parece.
El trato estaba sobre la mesa e iba a tomarlo.
—Voy a darte ese beso —me acerque y esta vez no había sonrisas de por medio—. Y a cambio, harás como si nada pasó, ni si quiera lo que viste hace dos años —agregue, debía ganar algo en esto—. Eso nunca sucedió.
—Entonces yo quiero una disculpa.
—En tus sueños.
Cerro la distancia, sus ojos fijos en los míos exudaban determinación.
—Voy a enseñarte modales—podía casi palpar la amenaza en sus palabras.
—Puedes intentarlo.