El momento había llegado. Era hora de poner todas las cartas sobre la mesa y solucionar todo. Iba a dar lo mejor de mí para salvar esta relación, pero si ella no cooperaba aquí iba a morir todo, con el dolor de mi alma, pero no iba a dejar que alguien me pisoteara tanto como ella lo ha estado haciendo. Mi corazón latía a alta velocidad, mis manos temblaban, mi frente estaba sudorosa y mi cerebro no podía procesar las palabras que tanto había ensayado. No estaba nerviosa porque le tuviera miedo o algo por el estilo. Estaba nerviosa por el echo de empeorar las cosas y echarlo todo a perder. ¡Por Dios santo! ¡Era mi mejor amiga! La que sabía cada oscuro secreto de mi. Todas las travesuras y maldades que había cometido en el pasado. Cada mentira que le había dicho a mis padres con el benef

