Me encontraba con los nervios de punta, llevaba escuchando al perro ladrando y rascando la puerta de mi cuarto más de quince minutos y no me dejaba dormir. Era consciente que lo había dejado fuera a propósito. La noche anterior había hecho un desastre con la pizza por mientras que tenía mi mano bajo el agua, refrescando por unos minutos la sensación de quemazón que me carcomía. Me levante con fastidio y le abrí la puerta para que por fin dejara de ladrar. En estos momentos hasta la bola de pelos blanquecina que corría entre mis piernas me fastidiaba. Eran las 5:10h muy temprano para mi sistema. Decidí recostarme un rato más hasta que se hicieran las seis de la mañana y darle de comer al pulgoso de mi amigo. Me concentre en las raras figuras que adornaban el techo de mi habitación, ya qu

