CAPÍTULO VEINTISIETE Mackenzie ya casi ni se acordaba de lo exhausta que se había sentido por la mañana. La imagen de Ellington planteándole la sabia exigencia de que descansara un poco ayer por la noche no era más que un distante recuerdo. Porque cuando regresó a comisaría y llamó a Ellington, se sintió de repente al cien por cien. Le pareció que el caso estaba llegando a su desenlace. Y, lo que es más, sentía como el tiempo empujaba en su contra como una marea mientras ella hacía todo lo posible para asegurarse de que no mataran a una quinta pareja. La voz de Ellington resonó en su oído cuando respondió al teléfono. “Hola,” dijo. Su voz no sonaba ni cortante ni animada. Obviamente, todavía estaba enfadado, pero ya lo estaba superando. “Hablé de nuevo con Alexa por la mañana,” dijo Mac

