CAPÍTULO TREINTA El resto de la media tarde se convirtió en un mar de caos para Mackenzie. Se quedó junto a Ellington todo el tiempo que pudo. Fue al hospital con él en la parte de atrás de la ambulancia. Ellington mantuvo la coherencia todo el tiempo, pero también se dieron unas cuantas ocasiones en que pareció estar a punto de desmayarse. Para cuando llegaron al hospital y le ingresaron, las novedades que los paramédicos le pudieron dar no eran tan malas como podían haber sido, aunque tampoco se trataba de algo trivial. El cuchillo le había rozado una de las costillas. De no haberlo hecho, le hubiera perforado el pulmón. Todavía había una posibilidad de que hubiera una perforación menor que no se pudiera descubrir hasta que realizaran un examen más exhaustivo. Mientras esperaba a reci

