Su mañana empezó tranquila, ella bebiendo una taza de café mientras leía el periódico. Gilda sirviéndole el desayuno...
— ¡ALBA!
Y los gritos de su marido resonando por toda la casa.
Escuchó sus pisadas fuertes camino a la cocina, casi podía sentir el resoplar furioso de su nariz en la nuca -que solo hacía cuando algo había colmado su paciencia-. Por seña de Alba, Gilda se retiró del lugar antes de que Mario entrara azotando la puerta.
— ¿Tus padres no te enseñaron a hacer las cosas de manera civilizada, Mario? No estoy del otro lado del mundo — Alba continuó leyendo su periódico, no tenía tiempo para además de encargarse de su trabajo también atender las necesidades emocionales de su inestable marido.
— ¿Cómo pudiste hacerme eso, Alba?
Por regla general Mario se veía comprometido a ajustar su conducta enfrente de Alba, sin embargo, en situaciones como esa –Donde Alba le tocaba los cojones- su grotesco temperamento salía a la luz como una gran roca que emerge en medio de un lago.
Alba miró a su marido, un hombre prominente –Orgulloso y arrogante- de gran atractivo físico –Pero de mente simple- Honrado –Presumido- Lleno de simpatía hacia los demás –Insolente y que no conoce ni lo más mínimo sobre tener vergüenza- Preguntándose cómo es que ha podido sobrevivir en un matrimonio asfixiante sin terminar empujando al otro escaleras abajo.
— No sé de qué estás hablando, yo no te he hecho nada a ti. — Mantuvo la compostura, esperando que Mario se cansara rápido y fuera a dormir.
Pero, al contrario de sus expectativas él hizo algo completamente impredecible –Hágase notar el sarcasmo- cuando de un manotazo tiró su taza de café al suelo.
— No te hagas la desentendida, tú fuiste al banco a cancelar el cheque que le entregué a Sabrina.
Tranquilamente Alba le contestó:
— Sabrina ¿Así es como se llama la mujer de turno? Por lo que me dijiste creí que lo tuyo con Melanie era ''Algo serio'' al parecer tu seriedad apenas alcanza a durar una semana. — Pasó de página el periódico — Si te refieres al hecho de que no permití que tu noviecita cobrara un cheque de más de cincuenta millones a nombre mío estás en lo correcto.
Las palabras que Mario diría segundos después sonaron como una broma a sus oídos:
— Quiero saber por qué lo hiciste, Sabrina está enojada conmigo ahora.
Alba se permitió reírse en sus narices. — Parece que no te está llegando oxígeno al cerebro ¿Estás insinuando que además de pagar las cuentas de esta casa también voy a mantener económicamente tus infidelidades? En primer lugar nunca debiste haber falsificado mi firma, deberías dar gracias porque me llamaron del banco antes de proceder con la transacción y ahora para hacer cualquier depósito tengo que ir yo en persona, pude haberte metido en la cárcel.
— No puedo creer que hayas hecho tal cosa tan despreciable ¿Es que acaso vas a empobrecer y morirte de hambre por esa mísera cantidad? ¡Yo iba a regresártelo!
— ¿Mísera cantidad? No estamos hablando de un simple préstamo para comprar algo de la tienda de conveniencia. — Contestó Alba, recibiendo la mirada feroz de Mario — Lo siento, pero si quieres dinero para tus mujeres entonces usa el tuyo y déjame en paz.
Él apretó las manos en un puño, sacado de quicio. — ¡¿Por qué siempre eres así de insensible?! Es por culpa tuya que maldigo cada día desde el momento en que me casé contigo.
Miró a Mario morderse el labio con furia mientras se marchaba dando pasos grandes , queriendo irse rápido y no tener que verla, a pesar de ser un director ejecutivo estaba muy por debajo de Alba, la diferencia entre los sueldos de ambos era considerablemente grande y las cargas de responsabilidad ni siquiera podían compararse. Gracias a esta diferencia entre clases sus familiares acordaron un matrimonio político entre ambos desde que eran bebés, y aunque en un principio creyó poder llegar a amarlo para siempre como cuando eran dos jóvenes soñadores la verdad era que desde el momento en que pisaron el altar y dijeron 'Acepto' ya no sentía nada por él.
La llama de su relación siempre estuvo muerta, no fue como si hubiera habido algún evento que desencadenó tal situación sino que los mismos celos de Mario fueron los que los llevaron a ese punto en su relación.
Pero eso no quitaba el que sus palabras le atravesaran el corazón.
La situación en el trabajo estaba ocupada –Nada nuevo- a veces pasaba todo el día sin despegar la mirada de su ordenador ni levantarse de la silla frente a su escritorio –Consecuencias de las altas expectativas con las que debía cumplir-
— ¿Quisieras dejar de mover todo fuera de lugar? Me estás estresando, Carlota. — Riñó a su mejor amiga y secretaria personal, quien estaba curioseando por cada rincón de la oficina.
— Relájate, Alba. Solo estoy contemplando tu bonita oficina, quisiera tener una propia.
''Relájate'' era la última palabra que necesitaba escuchar.
— Podrías tenerla si tan solo te sentaras a trabajar en lugar de estar holgazaneando aquí.
Carlota bufó, preferiría tener que caminar descalza sobre puas antes que hacer su trabajo con esmero. — ¿Sucedió algo con Mario otra vez?
Alba no podía engañar a Carlota, la rubia tenía un sexto sentido que daba justo en el clavo.
— ¿Cómo lo supiste?
— Nunca te das cuenta cuando deambulo por tu oficina cambiando las cosas de sitio, eso solo me indica que tú estás desconcentrada, algo que es raro en ti ya que amas tu trabajo. Solo te pones así cuando Mario y tú se pelean.
Carlota tenía razón, Alba no estaba concentrada siquiera en lo más mínimo con respecto a su trabajo.
— Lo mismo de siempre. — Alba se dejó hacer de mala gana sobre su asiento, alejándose del escritorio al empujar la silla — Me ha amargado la mañana con sus tonterías.
— Es que yo te dije que ese hombre no pensaba cambiar nunca pero me has pasado de largo. — Alba no le contestó, por lo que Carlota siguió hablando a la vez en que limaba sus uñas — Solo hay una cosa que puedes hacer: Pagarle con la misma moneda.
— ¿De qué estás hablando?
— Mario todo el tiempo está pintándote los cuernos, no veo por qué tú no habrías de hacer lo mismo. Eres guapa, simpática y trabajadora, seguro encontrarás un galán rápidamente.
Alba no se sintió muy segura con la idea.
— No lo sé, ya paso los treinta años. Que yo busque novio a esta edad es como...
— ¿Novio? ¿Cuándo dije que buscarías novio? — Carlota mostró una sonrisa confiada, apuntando a su amiga con la lima para uñas — Tú, mi querida amiga necesitas desahogarte y sacar tu estrés del cuerpo con una cita de una noche.
— Una... ¿QUÉ?
Carlota asintió, no era necesario que tuviese que volver a explicarlo: — Hay un evento que se ha estado haciendo muy popular últimamente — Sacó un pequeño volante doblado de su bolsillo trasero, extendiéndoselo a Alba, quien lo tomó con recelo. — Se trata de una fiesta exclusiva donde las personas van a olvidarse de sus problemas y desahogarse.
— ''La Máscara'' — Leyó Alba en el panfleto — ¿Por qué habría de usar antifaces en un lugar como ese?
— ¿Acaso querrías que otros recordaran tu identidad mientras haces cosas que jamás se te ocurrirían hacer? — Carlota tenía razón en eso — Además, muchas personas van allí con el objetivo de encontrar a alguien de una noche, nada serio.
— No lo sé... ¿Qué pasará si alguien me reconoce?
— Te preocupas demasiado, al entrar te piden un seudónimo ya que nadie debe usar su nombre real. No habrá nadie que pueda reconocerte por lo que no tendrá repercusiones en tu vida. Invitemos a Gaby y vayamos las tres.
Las palabras de Carlota fueron tentadoras, lo suficiente como para aceptarlas.
— Mario no es el único que tiene derecho a divertirse.
Se convenció a sí misma e hizo los preparativos necesarios para escabullirse de la mirada de halcón de su marido.
Las inmensas puertas que estaban al final de las escaleras dictarían lo que sería de su vida en un futuro. Alba se lo pensó dos veces antes de siquiera pisar el primer escalón, sin embargo ni Carlota ni Gaby permitieron que se retractara de su decisión.
* * *
— ¿Qué es lo que está pasando contigo? No tienes tiempo para mí, ni siquiera me envías un mensaje en días y cuando estamos juntos todo lo que haces es quedarte dormido. Lo siento, Bruno. Pero realmente dudo el hecho de que en verdad estabas metido en esta relación. No pienso seguir así, lo mejor será que terminemos.
Suzanne se levantó de la silla, dejando sobre la mesa el dinero de la bebida que había consumido y dejando a Bruno del otro lado, solo.
— Ahí va otra que no soportó. — Cole pasó su brazo alrededor del hombro de su amigo mientras que Theo y Daniel intentaban levantarle los ánimos — Pobre Bruno, todo lo que sabe hacer es trabajar. ¿Alguna vez has tenido sexo siquiera?
Bruno lo apartó — Cállate, idiota.
No era la primera vez que algo como eso pasaba, acostumbraba que sus relaciones terminaran rápidamente, ninguna mujer querría pasar su tiempo con un chico que solamente vivía trabajando para sobrevivir y pagar sus estudios.
— Eso te pasa por estar buscando relaciones serias. — Escuchar aquellas palabras del Playboy de su amigo Daniel no le hacían sentirse mejor. — Tú lo que necesitas es un encuentro casual con alguien que te haga olvidar tus males, sin compromisos, sin ataduras.
Antes de que continuara con su discurso sobre la libertad Theo, el más responsable del equipo, lo interrumpió. — Deja de corromper el alma inocente y pura de Bruno, él no necesita ser un bastardo mujeriego como tú.
— Yo no soy un bastardo mujeriego. — Aclaró Daniel — siempre aclaro que no busco nada serio cuando estoy con alguien.
— Sí, dile eso al par de mujeres que te cachetearon al mismo tiempo el otro día. — Agregó Cole. — Por no mencionar que siempre estás acosando a mi hermana.
— ¡Yo no la acoso! — Contradijo — Colette me gusta de verdad.
Pero nadie creyó en sus palabras.
El tema de Daniel defendiendo su santidad mientras los demás lo contradecían se extendió durante otros veinte minutos, el tiempo preciso para que la alarma en el reloj de Bruno pitara y lo pusiera alerta.
— Ya tengo que irme, me necesitan para echar una mano durante una fiesta esta noche. — Terminó de beber su dulce malteada, dejando el envase vacío sobre la mesa mientras se ponía de pie.
— ¿Algún día dejarás de trabajar? Por tu bien.
Bruno sonrió ante las palabras de Daniel.
— Por ahora no lo creo. — Contestó.
No era como si no pensara en tomarse un descanso alguna vez, simplemente aquello era un lujo que por el momento no podía permitirse.
''Regresaré tarde esta noche, gracias de nuevo por cuidar de ellos''
''Tranquilo, Bruno. Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites''
''Por favor llámeme si algo sucede, dejaré lo que sea que esté haciendo y saldré corriendo para allá''
''Ya deja de preocuparte tanto, los niños estarán bien. No te sobre-exijas y asegúrate de descansar, puedes buscarlos por la mañana''
En ese momento unas pequeñas vocecitas también sonaron del otro lado de la llamada:
''Abuela ¿Estás hablando con Bruno?''
'' ¿Es Bruno? ¡Yo también quiero hablar con él!''
June fue la primera en gritar a través de la llamada:
'' ¡Hola!''
Y luego siguió el grito de Lucas, un poco más sutil y tímido que el de ella:
'' ¡Hermano!''
Bruno sonrió en cuanto los escuchó hablar.
''Hola chicos, todavía debo quedarme a trabajar un poco más, por favor sean pacientes y pórtense bien con la señora Benson ¿De acuerdo?''
Ellos resoplaron no muy convencidos, al mismo tiempo:
''Estaaaaá Bieeeen''
Y Bruno contestó:
''Bien, entonces nos veremos luego''
Para colgar la llamada del teléfono dentro de la cabina pública tras escuchar:
'' ¡Adió hermano!''
'' ¡Chao!''
De alguna manera escuchar hablando a sus hermanos pequeños le hizo sentirse con más energías para irse a trabajar.
Apenas ingresó a las instalaciones fue atajado por un hombre que se veía estresado, tanto que no quedaba ningún cabello en su calva cabeza.
— Hasta que por fin llegas ¿Eres Bruno el que suplantará al mesero que enfermó de varicela? — Tan pronto como el chico asintió aquel pobre hombre vio la luz y rápidamente le entregó una muda de ropa y una bandeja pesada de plata — Perfecto, cámbiate rápido y ve a asistir la fiesta, hoy hay más personas que nunca y estamos cortos de personal.
De alguna manera aquello le hizo sentirse sorprendido, no sabía que los centros para citas eran así de populares. Y probablemente no lo eran, porque aquel lugar tenía marcado su propio camino al éxito mediante la originalidad que se cargaban.
Tan pronto se cambió de atuendo pudo ingresar, lo primero que saltó a su vista fue la imagen de un salón de fiestas que parecía sacado de algún cuento de princesas, a pesar de que Bruno entró por una puerta auxiliar pudo apreciar la entrada principal; Enormes puertas que daban hacia unas magníficas escaleras donde los asistentes hacían su entrada triunfal con elegantes y pomposos vestidos, además de las máscaras y los seudónimos que ocultaban sus verdaderas identidades.
Dicho salón de fiesta culminaba en un jardín inmenso con vista espléndida y una salida trasera para aquellos que quisiesen irse de manera más reservada o simplemente un lugar donde podían tomar aire fresco.
Era simplemente magnífico.
Dichas normas para participar no aplicaban para los meseros, tristemente, motivo por el cual ellos eran los únicos que no cargaban antifaces, además de que no usaban seudónimos, sin embargo tampoco podían dar su nombre, eran territorio neutral por lo que tampoco nadie se les acercaba con otro fin que no fuera para recibir bebidas o algo de comer.
Bruno caminó hasta que se le cansaron los pies llevando bebidas –La única noticia buena eran las cantidades de propinas que habían dentro de sus bolsillos- y era que había tanta gente que simplemente los trabajadores no se daban abasto.
En ese momento alguien lo detiene al sujetarle del traje.
— ¿Bruno?
Reconoció esa voz de inmediato.