German salió visiblemente enojado de aquella oficina cerrando la puerta de un solo golpe al tiempo que Natalie se derrumbaba sobre su silla. Sin duda alguna, los gritos se habían escuchado al menos en el cubículo exterior donde se encontraba su secretario personal y la pasante temporal. Natalie de sentía fatal. Realmente le había molestado que German osara intervenir en asuntos que solamente le concernían a ella y a Jane. A nadie más. Llevó las manos a sus sienes y suspiró hondo con los ojos cerrados. Odiaba discutir con su mejor amigo. Odiaba, sobre todo, que el punto de discusión siempre fuera su hija. German White siempre había dejado muy en claro que lo único que le importaba era la felicidad de Natalie Smith. Sin embargo, ella no comprendía por qué cuando se trataba de su felicida

