Cuando Jane abrió los ojos los rayos de sol ya entraban descaradamente por la ventana. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la luz y apenas estuvo consciente de la habitación en la que se encontraba sintió una presión en su abdomen donde descansaba pesadamente el bien formado brazo de German White. Una sonrisa idiota se formó en sus labios y llevó su diestra a la mejilla del hombre palpando la aspereza de la misma contra su palma debido a la falta de afeitado. Los pequeños vellos apenas asomaban, pero generaban una sensación punzante al tacto. A Jane le encantó. No supo cuánto tiempo permaneció viendo el rostro adverso, sólo deseó que el tiempo al menos por una vez en la vida fuera bueno con ella y le dejara seguir entre sus brazos largo rato, que la mañana no terminara nunca. Germa

