El pensar en una persona de la cual no conozco nada más allá de su cuerpo es algo que no debería hacer, no cuando se supone sólo existe un trato de cliente y "vendedor"
La señora Paulina ha dicho que no puedo confundir la situación con algo más, pues en realidad el obsesionarme con un cliente sólo me traería problemas, además seguramente una vez se aburra del mismo servicio, buscará otro.
Eso es lo que todos hacen, los clientes siempre prueban la mercancía y todas tienen claro que no se pueden enamorar.
Es algo prohibido y yo también lo sé, no puedo pensar en el Coronel más de la cuenta, de hecho, como han pasado 12 días, asumí que él ya no regresaría y que todo quedaría como un recuerdo.
Yo estaba trabajando como de costumbre hasta ahora, obviamente no me he acostado con ningún otro cliente, ya que no llaman mi atención del modo en el que lo hizo el Coronel.
Sigo usando el mismo modo que siempre para sacarles dinero, les coqueteo, los hago beber y luego los llevo al cuarto donde beben un poco más antes de caer dormidos.
El que me paguen con anticipación es realmente importante para tipos como ellos, así de ese modo puedo irme sin problemas y buscar a otro cliente.
Hoy me sentía un poco cansado, al despertar al mediodía mis compañeras me invitaron a visitar los puestos de mercaderes en busca de un nuevo vestido para Alicia, ella buscaba algo más normal, no era para el trabajo, así que Julieta y yo la acompañamos.
Como no sabían si irían a otro lugar, me sugirieron vestirme como ellas, aunque el utilizar vestidos "decentes" es más incómodo que utilizar la clase de vestuarios que normalmente me pongo para trabajar.
Si deseaba ir con ellas y pasar desapercibido entre la multitud de mujeres, o bien, en caso de querer comprar algo para el trabajo, debía ponerme un vestido similar al de ellas.
El que me puse era un vestido largo de color crema con un corset de color n***o, este no estaba tan apretado, aunque daba aquella forma que usualmente a las mujeres les encanta, como la de un reloj de arena.
Mis hombros quedaban al descubierto, formando una especia de media luna donde usualmente las mujeres muestran su pecho, sin embargo, como no tengo, no me importaba este diseño.
Como el vestido tiene un poco de volumen, aproveché de ponerme unos zapatos cómodos, algo que mis compañeras no hicieron, ya que deseaban verse más altas.
—Espero tengan mi vestido— comentó Alicia con emoción en su tono de voz, casi saltando de alegría.
—¿Y si ves uno más hermoso? —le preguntó Julieta— la otra vez que vinimos, terminaste eligiendo este, pero te recuerdo que deseabas otro.
—Es cierto, sólo por eso no compraste nada— mencioné.
—No, el vestido que deseo me lo traeré aun si me gusta otro— nos trataba de convencer, pero Julieta y yo nos miramos a los ojos sabiendo que no sería así.
—¿Piensas comprar algo, Charlie? —me preguntó Julieta, deseando cambiar de tema.
—No, si sigo comprando vestidos, jamás voy a reunir el dinero para los terrenos que deseo— respondí.
—Una vida de campesino...—murmuró Alicia— antiguamente diría "Qué horror" pero ahora sin duda suena realmente encantador despertar por el cantar de los pájaros y no por algún borracho del local.
—Sí, suena realmente encantador, pero el dinero que se necesita para vivir de ello es muchísimo— mencionaba Julieta.
—Si sigo así, supongo que en uno o dos años ya podría dejarlo— mencioné.
—Y si te topas con un Coronel, sin duda se acortaría a un par de meses— comentó Julieta, mirándome con una sonrisa coqueta al igual que Alicia, quién me tomaba del brazo izquierdo, mientras que Julieta del derecho.
—No creo que regrese...—murmuré tratando de ocultar mi sonrisa al pensar en él.
—¿Y si lo hace? No puedes perder la esperanza tan pronto— mencionaba Alicia.
—No es como si tuviesen algo, Alicia, no le hagas falsas ideas, sabes perfectamente que sólo son clientes. Llevas tantos años trabajando en esto y aún no aprendes— la regañaba Julieta.
—Cuando me veas casada con un hombre rico, voy a reírme en tu cara.
—Si eso ocurre, seré la primera en felicitarte, pero hasta entonces, seguiremos con borrachos sin mucho dinero.
—Ojalá tú Coronel llegue pronto— me dijo Alicia casi molesta— los soldados pagan muy bien.
—Sí, además son más...—fue diciendo, haciendo una pausa para pensar en aquella descripción que les quedara perfecto a ellos—dulces...
—¿Dulces? —preguntamos Alicia y yo a la vez.
—No podía ni caminar— le mencionó Alicia.
—Sí, pero no porque fueran rudos, además mi cliente era un poco tímido, era realmente tierno— fue contando Julieta mientras reía.
—En eso tienes razón, los clientes que usualmente vienen son tercos, poco sutiles y sólo hacen lo que ellos desean.
—Te miran como un objeto...—murmuró casi en un susurro Julieta.
Como la conversación era algo que las estaba desanimando, preferí cambiar de tema para que recuperaran su alegría y de ese modo logramos llegar al centro del pueblo donde las calles se mantenían llenas de mercaderes.
Nos ofrecieron de todo, vestido, zapatos, maquillaje, cosas para el hogar, comida y hasta esencias aromáticas que mantuvieron a mis amigas muy entretenidas, ya que había muchos aromas diferentes.
Ellas deseaban un perfume, pero eran costosos, este sólo es un lujo que pocas pueden adquirir, así que tuvieron la brillante idea de comprar uno para las dos, de esta forma el valor del perfume se dividiría entre dos y no sería algo tan perjudicial para su bolsillo, el único problema es que se mantenían indecisas.
—¿No quiere probarse uno, señorita? —me preguntó el mercader.
—No, estoy bien— dije sintiéndome un poco tímido, ya que el mercader era demasiado amable conmigo.
Yo no era quién hacía preguntas, pero desde que nos ubicamos en su puesto de venta, se posicionó a mi lado y me miraba constantemente a los ojos, incluso acarició mi cabello con la excusa de ofrecerme un gel de baño.
También rozó su mano en mi hombro, diciendo "Es usted muy suave, este producto la hará serlo incluso más"
—Insisto— dijo él, tomando un pequeño recipiente de vidrio que utilizaba como prueba, hasta ahora él perfumaba un trozo de tela, pero a mí me lo puso directamente en el cuerpo.
El aroma era dulce, era realmente muy bueno, aunque no deseaba gastar dinero.
—¿Qué tal? —preguntó él.
—Huele muy bien— le aseguré.
—El perfume solo ayuda a que el olor natural de su piel sobresalga, pero de no ser para usted, no olerá así de bien.
—¿Quiere decir que el aroma cambia según el tipo de piel? —preguntó Alicia confundida.
—Correcto— respondió, pero no me quitaba los ojos de encima y eso me incomodaba mucho.
Quería que las chicas terminaran pronto de elegir el perfume que deseaban, pero tras saber que el aroma cambiaba según el tipo de piel, ellas comenzaron a discutir con el mercader para que perfumara su piel en vez del trozo de género que él utilizaba.
Mientras ellos estaban hablando oí a la distancia a un soldado decir "¡Coronel Conrad!" Que me hizo buscarlo rápidamente entre la multitud, dándome cuenta de que él me estaba mirando.
No creo que me haya reconocido, ¿cómo podría hacerlo? La última vez que nos vimos yo llevaba un velo que cubría la mayor parte de mi rostro, dejando únicamente mis ojos al descubierto, además visto de un modo diferente, es imposible que él sea capaz de reconocerme.
De igual modo me puse nervioso, como aquel soldado lo llamó, el Coronel apartó la mirada para responder al llamado de aquel sujeto, mientras que yo centraba mi atención nuevamente en mis amigas.
—¿Ya se decidieron? —preguntó con cansancio el mercader.
—Sí, llevaremos este— respondió Alicia.
—Creí que llevaríamos este— la interrumpió Julieta, mostrando otro.
—Ese dijimos que no, porque no te gustaba el color.
—Pero el aroma es lo que importa y a ti te gustaba más este.
—Esta clase de problemas seguramente usted no los tiene— comentó el mercader— con lo hermosa que es, seguramente cualquier cosa le queda bien.
—No creo que se trate de eso, mis amigas son igual e incluso más hermosas y de igual modo tienen problemas.
—Es diferente, si me lo permite podría enseñarle a lo que me refiero, ¿qué tal si un día de estos damos un paseo?
—Oh...—solté mirando a mis amigas quienes soltaron una risita— bueno... es que...
—Ya hizo planes conmigo— habló el Coronel a mis espaldas, deslizando su mano por mi cintura mientras yo sentía que me faltaba el aliento, además mis amigas me miraban llenas de emoción y hasta parecían querer chillar de alegría.
Por mi parte, bajé la mirada avergonzado y me giré para verlo a los ojos, notando la fulminante mirada que le dedicó al mercader antes de mirarme con una sonrisa más cálida.
—¿No me vas a dar la bienvenida? —preguntó acercando su mano derecha hasta mi barbilla, levantando mi mirada al yo bajarla avergonzado.
—B-Bienvenido...—dije tratando de controlar mi emoción.
El Coronel expandió su sonrisa y sin siquiera esperarlo, atrapó mis labios besándome de un modo totalmente inapropiado, pues al principio entrelazó nuestros labios, pero pronto deslizó su lengua y yo ruborizado traté de apartarlo.
Estábamos en medio de un mercado, había mucha gente que podría vernos y aun cuando estoy vistiendo como mujer, esa clase de muestras en público no son bien vistas.
Al momento en el que cortó el beso, yo miré a mis amigas quienes se tapaban los labios para ocultar su sonrisa, aunque a través de sus ojos podía ver su emoción, esto debido a que el Coronel miró al mercader de un modo desafiante, como si estuviese marcando su territorio.
Para variar, el Coronel le dijo "Quiero el perfume que está utilizando y ambos perfumes que desean sus amigas" para luego entregarle unas monedas de plata, añadiendo "Quédate con el cambio" lo que hacía sentir bastante humillado al mercader, quien obviamente lo miraba con enfado.
—¿Quieres dar una vuelta? —me preguntó poco después, dedicándome una sonrisa.
—Es que...—traté de oponerme, buscando ayuda de mis amigas, pero ellas se alinearon para obligarme a ir con él.
—Le encantaría, Samantha adora los paseos en el lago— mencionó Julieta, empujándome más cerca del Coronel.
—Les agradezco señoritas, espero disfruten de su regalo— les habló el Coronel, antes de ofrecerme su brazo para irnos.
Mis amigas fueron quienes se llevaron el perfume que el Coronel me había comprado, así que mantenía mis manos libres para cuando él decidió entrelazar nuestros dedos y dar una vuelta por el mercado.
—No era necesario el obsequio— comenté mientras caminábamos.
—Descuida, no fue nada— me decía con una sonrisa.
—¡Lleven sus vestidos! ¡Es de la mejor calidad de este país! —hablaba un negociante— señorita, ¿no le gustaría pasar a ver nuestros vestidos? Tenemos de la mejor calidad.
—No gracias, estoy...
—Pasemos— dijo el Coronel, entrando a la tienda de aquel negociante, quien pronto comenzó a mostrarnos sus mejores vestidos.
Eran sin duda muy bonitos, pero también bastante caros, de sólo mirarlo sabía que como mínimo costaban 20 monedas de plata o incluso más.
También tenían atuendos como los que usualmente utilizo en el trabajo, ya conocía a este vendedor, por lo mismo sabía que cada prenda que tenía en su tienda se escapaba de mi presupuesto, a pesar de ser vestuarios muy hermosos.
—Woow...—dije tras observar un hermoso vestido de fiesta, tenía una zona al medio de color borgoña y por la parte trasera y de los lados, era blanco con un bordado de flores.
Era hermoso, me sorprendía que estuviese a la venta, pues parecía un vestido para alguien de la realeza y usualmente esos suelen ser creados exclusivamente para ellas.
El volumen del vestido era llamativo, pero no exagerado, además aquel color blanco de los lados creaba la ilusión de que fuese una capa de flores y que el verdadero vestido era de tono rojo, a pesar de que en realidad no era así.
—¿Te gusta? —me preguntó el Coronel.
—Sí, pero...
—¿Ese? No es suficiente para alguien como usted, señorita— habló el negociante, alejándose para buscar un maniquí, con el cual me dejó con la boca abierta— este combinaría con sus ojos.
—Estoy de acuerdo— mencionó el Coronel sonriendo al ver el vestido.
Era parecido al anterior, la diferencia es que el vestido era de color celeste grisáceo, uno muy bonito que para que no fuese tan básico, tenía una especie de "V" invertida de color blanco.
Además, justo en la zona media del pecho, había una cinta del mismo color celeste grisáceo con el que formaba una rosa y que acababa convirtiéndose en una especie de corbata.
El vestido no tenía mangas, sino que llevaba una tela blanca parecida a las de las blondas que formaba una especie de tapado, pero que dejaba al descubierto los brazos, un parte de la espalda y hombros.
Yo estaba enmudecido por el vestido, no sabía qué decir, pues, en realidad el Coronel fue quién preguntó por precio, medida y hasta quiso saber si también tenía zapatos acordes al vestido.
¡El Coronel me lo compró todo! Incluso un pequeño sombrero de copa del mismo tono celeste del vestido, este era sólo una decoración para el cabello, lo que me hacía sentir raro, ya que parecería alguien de la realeza.
El vendedor tomó mis medidas y como coincidían con las del vestido, este dijo "Está hecho a su medida" y sin siquiera esperarlo, terminé recibiendo tal regalo, eso sin mencionar el atuendo de trabajo que me compró.
Era casi trasparente, yo sabía al sólo mirarlo que jamás lo usaría, por ello intenté convencerlo de que no me lo comprara.
—No podré utilizarlo de igual modo— lo traté de convencer.
—No es para que lo utilices a la vista de todos, sólo será para mí.
—Coronel, no puedo...
—Te verás muy bien—me aseguraba, mientras el mercader envolvía todo.
Yo me quería morir de la vergüenza, ya que el negociante dijo "Debería estar feliz, señora, no todos los hombres suelen acompañar a sus esposas de compras, sin duda el suyo debe amarla mucho como para insistir en comprarle tal vestido"
Traté de desmentir la relación que teníamos, pero el Coronel sólo sonrió y depositó un beso en mis nudillos, diciendo "Escucha al señor, querida"
Como se suponía íbamos de paseo, el Coronel le ordenó a un guardia que llevara mis cosas al hostal del pueblo. En realidad, todos lo llaman "Bar" pues en el primer nivel hay un bar, sin embargo, también es correcto llamarlo hostal debido a que hay habitaciones y también se vende comida.
Luego de ello nos acercamos a los establos donde pude ver enormes caballos de pura sangre, aunque el que más sobresalía era el suyo, ya que tenía una yegua de pelaje n***o con un cabello largo precioso y sin duda estaba en perfectas condiciones.
—Qué bonita...—dije acariciando su cabello.
—Sí, la tengo desde que era pequeña, así que es bastante leal y obediente— me aseguró.
—Es enorme, el subirme no será fácil...—murmuré avergonzado.
—Vamos Luna, deja subir a la señorita— le habló e inmediatamente la yegua se recostó en el suelo para quedar más a mi altura y luego se puso de piel.
Yo estaba fascinado, aunque mis mejillas se ruborizaron cuándo el Coronel se puso detrás de mí y como tomaba las riendas, sus manos las pasó por entremedio de mis brazos, casi dándome un abrazo.
No sé a dónde vamos con exactitud, pero no puedo controlar la sonrisa de mis labios cada que lo miro...
El Coronel es realmente muy atractivo...