Massimo.-
Despertando un día más, un día más siendo un D’Angelo, siendo un hombre lleno de poder no supone ser un problema para mí, he vivido gran parte de mi vida rodeado de fortuna y poderío, no hay cosa en este maldito mundo que yo no pueda obtener, todo está en mis manos, liderando una gran corporación que ha regido mi familia por décadas, siendo jefe de mi propia empresa, desechando mujeres tanto como desecho trajes costosos, esta es mi vida y créeme que estoy totalmente feliz con lo que soy.
— Deja de actuar como un príncipe, no lo eres
— No soy un príncipe querida, en eso estas en lo cierto. Soy un puto rey — Respondí con confianza
Nada para mi supone ser importante, mucho menos la chica a mi lado ¿cuál era su nombre? ¿Martha? ¿Claudia? Quizás… ¿Sarah? Ash, no lo sé, la llamare Bianca, debe ser su nombre, la mayoría de las italianas lo tienen ¿no?
— Despierta Bianca, debes irte. — Le grite sin nada de amabilidad. Removiéndose en su lugar, manteniendo una posición adormilada me obliga a zarandearla sin gentileza — ¡Arriba! Ahora mismo.
— ¿Quién es Bianca? Me llamo Alessandra — Dijo la rubia a mi lado, intentando incorporarse
Mierda. Recuerda escribir sus nombres Massimo, así no tienes que pasar por situaciones penosas, usemos la habitual táctica. Sí, eso siempre funciona.
— Es soló la ama de llaves tú… como sea que te llames, debes irte — Dije, ansioso y hastiado
— ¿Irme? — Respondio, mostrándose confundida
— Así es, justo ahora. Mi abuelo me visita esta mañana y no quiero que te vea — sentencie
— ¿Por qué no quieres que me vea?
Comencé a masajear mis sienes en frustración ¿Qué no era lógico? ¿Por qué siempre debo vivir estas situaciones de mierda?
— ¿Debo darte mis datos personales también o ya has preguntado lo suficiente? Levántate — Exprese con la rabia a flor de piel. Algo que las chicas no suelen entender es qué, no soy el tipo de hombre que espera, usualmente se deslumbran cuando me ven, cuando saben lo que poseo, pero cuando es hora de echarlas hacen lo mismo qué esta bella justo ahora.
Su mirada me fulmino de inmediato, susurrando por lo bajo.
— Sei un idiota — Recuerdo con total certeza porque me enloquecen las italianas, ese acento tan sofisticado, tan sexy logra fascinarme a un punto inimaginable, aun cuando me ha llamado idiota.
— Le ragazze mi chiamano sexy, non idiota — Dije con una sonrisa de suficiencia
— No sé por qué no lo hacen, si eres un idiota — Espeto con rabia
Sonreí de forma sarcástica
— Vaya vaya, eres el tipo de bella que desea que la llames después de una noche de sexo, contactes su paradero, la lleves a otras citas, le regales flores y joyas costosas, que vivamos juntos y que luego le pida matrimonio para casarnos, tener unos pequeños bebés y vivir felices para siempre — Dije aquello con tanto sarcasmo qué cada palabra fue amarga a mi boca, aunque para ella resulto ser el plan perfecto porque me miro con sus grandes ojos verdes, con una expresión de ilusión, sonreí con suficiencia sin poder evitarlo y dije — ¿Qué crees bonita? eso no sucederá, ahora muévete.
Su rostro se contrajo en tristeza ¿en serio esperaba que toda esa mierda sucediera? Vaya, pensé que sería mucho más inteligente, pero veo qué no. Eso es ser bastante ilusa, vivir de ilusiones no es mi fuerte.
— Y tú eres el tipo de idiota que piensa que tendrá lo que desea para siempre, don Massimo. ¿Pero qué crees? No será así — Dijo con desprecio
Las personas a mi alrededor suelen pensar que cosas como esas me afectan a tal punto de quitarme el sueño, pero… lógicamente no es así, yo me soy enteramente suficiente, lo que poseo me hace ser lo que desee. Por lo que bastarme a mí mismo y mostrarme como una persona autosuficiente es algo habitual en mi personalidad, por lo que respondí a aquello sin previos halagos o consolación.
— No solo lo pienso, lo sé bonita. Te desee anoche y has despertado en mi cama — Dije con seguridad, mostrando una sonrisa de lado
— Espero verte totalmente desganado, es lo que mereces — se levantó, tomando su vestido y sus zapatos
Y ahí está, la habitual expresión y palabras de odio de cada mañana ¿Qué sí me he acostumbrado? Pues… lo he vivido tantas veces que justo ahora tengo un repertorio de acceso para lo que me dirán “Espero qué te quedes en la calle” “Deseo qué algo malo te suceda” “Te odio” bla bla bla, todas para mi significan lo mismo, palabras de desprecio solo por no obtener lo que querían de mí
— Ciao bella — Dije, agitando mi mano en despedida, ella me miro con sus labios muy apretados, sé que está furiosa y eso es en serio encantador
— Te detesto. — Expreso con odio
— Mejor recuérdalo el día qué logre importarme — Guiñe uno de mis ojos de forma picara en su dirección
Y así sin más, se fue.
Suspire con tedio, regresando mi cabeza a la almohada con hastió.
— Qué alivio — Exprese con serenidad — ¿Por qué las mujeres están tan locas? — Dije para mi mismo
Toques a mi puerta me han alertado.
— Adelante — Grite con autoridad
— Buen día señor D’ Angelo ¿gusta desayunar en su habitación? — Una de mis tantos empleados se puede entrever en la entrada de mi habitación
Negué con mi cabeza rápidamente en respuesta
— No Beatrice, Nonno vendrá esta mañana y quiero desayunar con él — Dije, mientras me levantaba de mi cama
— Claro señor ¿qué gusta desayunar?
Me detuve de golpe, una de las cosas que más odio es que las personas me pregunten a diario “¿qué deben hacer para mí?” y no, no es extraño, es enteramente viable creer qué si lo pides cada día ¿Por qué seguir preguntando la misma idiotez?
— Por qué nadie puede entender una de mis órdenes, quien cocina eres tú, vai fuori di qui.
Ash, a veces siento qué todos me frustran a un nivel inexplicable, por lo que siento que todo debo hacerlo y resolverlo yo mismo por mi cuenta, he sido autosuficiente toda mi vida, mis padres nunca estuvieron conmigo, mi compañero siempre ha sido el dinero y no supone ser un problema para mi vida, al contrario, esto es lo único real que tengo justo ahora, lo único real que he tenido siempre. He vivido 27 años de mi vida bajo un apellido que me proporciona una estabilidad de la cual me he adaptado a lo largo de los años, por lo que uso esto para hacer todo lo que siempre me he propuesto ¿sabes qué es? Tener mucho más dinero. Claro qué, cuando mis padres fallecieron en ese fatídico accidente en uno de sus tantos vuelos, todo lo que me pertenece está en manos de Nonno Leonardo, por lo que desde ese momento me he dispuesto a complacerlo en todo sentido, es lo único que me queda.
— Ecco il mio piccolo Massi — Sonrió con efusividad, caminando en mi dirección
Extendí mis brazos con mi amabilidad fingida, siempre funciona.
— Nonno Leo. — Me acerqué a él y lo abrace fuertemente.
— Qué adulto te ves mio piccolo, cuanto has crecido — Tomó mi cara con sus manos, inspeccionando cada pequeña parte y detalle de la misma.
— Nonno, sigo siendo el mismo que viste hace unos meses — Dije con hastio
Soltó mi rostro y me miro con cuidado y cariño.
— Mio piccolo, creó que deberíamos ir al parque — Dijo, con una sonrisa
Enarque una de mis cejas en su dirección, ajustando mi traje una vez más.
— Nonno, no tengo tiempo para ese tipo de… actividades —Exprese con una mueca de desagrado
Su rostro cambio a un semblante totalmente diferente al anterior.
— Pero… piccolo, es lo que solíamos hacer ¿recuerdas?
Me acerqué a uno de los grandes espejos que está situado en lugares estratégicos de mi dimora, mirando mi traje azul marino una vez más.
— Solíamos Nonno, justo ahora cuento con todos mis cabales para hacer algo más productivo qué salir a hacer el ridículo es un estúpido parque. Sí me disculpas, necesito desayunar y seguir con mi día.
— Piccolo…
— Nonno, no tengo tiempo ¿entiendes? Necesito seguir con mi día y justo ahora ya se me está haciendo tarde. — Mire mi reloj con insistencia. — Debo irme.
— D’ Angelo — sentencio.
Aquella palabra hizo que me detuviera de golpe, algo que he aprendido a lo largo de los años es qué… al abuelo Leonardo no debes decirle “no” por lo que tome una bocanada de aire, fingí una gran sonrisa y me gire en su dirección
— Vayamos al parqué Nonno — Dije con una expresión de alegría bastante poco habitual y sobre actuada
— Así me gusta — dijo con una gran sonrisa — Beatrice, no es necesario que nos sirvas nada, llevare a Massimo a desayunar fuera.
Suspire con tedio
— Haz lo que él dice — dije, apretando mis labios con fuerza
— Claro que lo hará. — Dijo, mirando a Beatrice, quien hizo una reverencia bastante exagerada y se dirigió a la cocina — Ahora. Camina, escoge uno de los coches y te indicare a donde iremos