Don Aurelio mira mi carta de renuncia y suelta un suspiro. Niega con la cabeza y me mira fijamente. —¿Cómo te convenzo? —No puede. Esto es demasiado, con usted si puedo ser franco, esto se volvió demasiado personal, no debí involucrarme con Laura, nunca debí hacerlo. —Pero lo hiciste. —Y ahora debo irme porque son las consecuencias de mis acciones y las asumiré. —¿Ella te ha pedido que lo hagas? —Sí, pero igual yo había considerado la posibilidad, es incómodo para ella y de verdad no tiene por qué soportarme, esta es su casa. Pasó por mucho está vez Don Aurelio. Asiente. —Sí, lo sé, por esta vez no lo considero una rabieta. No entiendo porque no me dice que pasó con el senador ¿Ese hombre se metió con mi hija? —Ella es quien debe responder, son asuntos que no manejo, sus negocios

