Mi mente y mi cuerpo no coordinan, la sostengo en mis brazos, su tibio cuerpo entre mis brazos de nuevo. Sin reservas, sin disimulos, su olor y su calor me trasladan a otros días, a unos en los que fue mía por completo aunque no lo dijera. Me amó, dice que me amó y que aún me ama. Aunque es mi mente la que trata de entender sus palabras y el impacto de su confesión, es mi corazón el que se alegra y se llena. La aparto ligeramente y examinó su rostro, me sonríe satisfecha y sincera. Miro sus labios, quiero besarla pero la punzada en el pecho me recuerda que no, que nunca fuimos, que no somos, pienso en Alexa y cierro los ojos suspirando y alejándome de ella. Ella suspira y me toma por los brazos. —James ¿No vas a decir nada? —Lo siento Laura. —Acepto mi humillación, pero no voy a roga

