Me he duchado y llevo pantalones deportivos y una franela blanca. Me coloco algo de loción de afeitar, muero de hambre, pero esperaré por su invitación. Tocan a la puerta. Sé que es ella. Abro y me invita a pasar a su habitación con coquetería. Lleva un pijama de pantalón y camisa de seda sin mangas y un bata por encima, ella recorre mi cuerpo con su mirada, me siento como la noche anterior a su pequeña mesa. La ayudo a servir. —¡Oh! Hamburguesas—observo. —Sí, con mucha grasa. Así les gusta a los hombres ¿No? —No soy de comer mucho estas cosas, pero como lo que sea. —¿Descansaste?—pregunta. —Apenas. Revisaba algunas cosas de la casa. —¿Cuándo tendremos lo de los chips? —Pronto. La semana que viene haré las citas para todos. —Bien. —¿Dormiste bien?—pregunto. —Muy rico, sí. Algo

