Espero a Alexa quien me ha llamado alterada, el sueño me quiere ganar porque ella viene de Puerto mar, no me ha explicado más allá de que la despidieron. Tocan a la puerta. Abro. Alexa se echa a llorar sobre mi pecho, la sostengo fuerte contra mí y trato de consolarla. Seco sus lágrimas, nos miramos a los ojos, ella mira mis labios y pega sus suaves labios de los míos, la sensación es dulce y deliciosa pero no correspondo a su beso y la aparto ligeramente. —¿Qué haces?—pregunto con firmeza aunque me ha dejado afectado. —Lo siento, estoy muy nerviosa—susurra. —Ahora estás vulnerable, lo entiendo. —Me dijo cosas muy feas, hirientes, me corrió del lugar en plena fiesta, estaba desesperada—llora. —Te ayudaré a conseguir trabajo —ofrezco para calmarla. Ella asiente y besa mis manos, rode

