Detengo el beso, para admirarle una vez más. No puedo evitar suspirar por lo preciosa que es, con la dulzura que desprende de su mirada misma que me hace querer levitar como un tonto y al mismo tiempo hacerla mía una vez más, reafirmando cuánto le deseo. Pego mi nariz de la suya rozándola tal y cómo una vez lo hizo dejándome atónito con el corazón latiendo tan fuerte. Ella se sorprende mirándome. ―Beso de esquimal. ―Le recuerdo. Me regala una sonrisa confirmándome que le ha gustado. ―¿Te interesaría quedarte aquí conmigo a dormir? ―Pregunto efusivo―. Entenderé si no quieres, y quieras volver con tu… ―¿Solo dormir? ―Interviene y su pregunta desborda algo de picardía sin ella notarlo, porque lo hizo tan natural. Relamo mis labios aún sosteniendo su rostro y arqueo una ceja. ―¿Qué

