++++++++++++ Mila estaba sacando las copias y yo la miraba como si de verdad esa fotocopiadora fuera una máquina del tiempo, porque cada vez que apretaba un botón parecía que tardaba mil años en escupir esas hojas. Yo solo pensaba: “ojalá, ojalá que las copias nunca se terminen porque si se terminan ya no habrá excusa para retrasar lo inevitable: la sala de juntas”. Y sí, yo soy esa, la que siempre busca escapar. Pero bueno, la realidad me alcanzó, y Mila me mira con su sonrisa tranquila, como si el mundo no pesara nada y me dice: —Después del trabajo, vayamos a ver a mi primo. Asiento, casi sin pensarlo, solo para no abrir la boca y demostrar que estoy temblando por dentro. Y apenas se terminan las copias, le digo: —¿Tienes unos audífonos? Ella sonríe, como si me conociera demasiado

