22 de mayo —¿Mami? ¿Mami?— los quejidos bajitos de Benjamín y sus dedos hundiéndose suavemente en mi mejilla lograron despertarme— Tengo hambre. Abrí los ojos poco a poco y sonreí cuando noté que Benjamín se había trepado a mi cuerpo y me miraba a tan solo unos pocos centímetros de mi rostro. Me moví logrando que mi hijo quedara acostado y le hice cosquillas, provocando sus alegres carcajadas. Con un despertar así, las mañanas no eran para nada malas. Me levanté y miré la hora que aparecía en mi celular; nueve y media de la mañana de un sábado. —Muy bien, vamos a llenar esa panza— dije antes de señalar a mi hijo con un dedo— Pero primero tendé tu cama. Benjamín estiró la sábana y el acolchado justo frente a mí, logrando que le dedicara una sonrisa aprobatoria. El peque me agarró la ma

