25 de agosto Observé como Joaco cerraba sus ojitos, con cansancio. Había estado llorando a gritos desde que se había ensuciado el pañal, y lo único que lo había podido calmar era la música de la radio. Era un poco extraño, pero a ninguno de mis tres hijos los relajaba las canciones de nenes o de cuna, solo los temas lentos de Isabella Diaz. Apagué el equipo de música para luego tomarlo en brazos. Suspiré levemente, agradeciendo mentalmente al mundo por darle semejante voz a esa chica. Estaba segura de que si en algún momento de mi vida me la llegaba a encontrar le iba a ofrecer cualquier cosa para demostrarle mi gratitud. Caminé hasta la puerta de la habitación de los mellis, haciendo malabares para poder abrirla. Si, había tenido que cerrarla para que mis otros dos hijos no se exaltar

