No había ninguna duda, el papel que sostenía en mi mano izquierda me confirmaba lo que ya sabía desde ayer: Estoy embarazada. Tengo dos meses y medio. Ni tenía ni idea de que estuviera allí, ni siquiera sospechaba de que eso pudiera haberme pasado a mí, pero cuando el doctor con el ecógrafo me dijo que ya podíamos escuchar el latido del corazón de mi bebé, lloré como una niña a la que le dan el mejor regalo del mundo. El sonido constante y fuerte me llenó de emociones, ganas por conseguir grandes cosas para mí vida y para la de mi hijo o hija. —Todo esta bien por el momento —señaló una pequeña pantalla en donde él podía ver a mi bebé, pero yo solo veía puntos grises sin encontrar forma. —Aún es muy pronto para saber el sexo, pero todo lo demás me parece correcto, su corazón late con

