**NICKY** Lo desplegó. Y en el instante en que sus ojos reconocieron lo que sostenía, su voz se quebró en sorpresa: —¿De dónde sacaste este ultrasonido? Me congelé. El corazón se me encogió antes de poder siquiera pensar en mentir. La confusión, el shock, la incredulidad me atravesaron como una daga afilada. ¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Por qué no había sido más cuidadoso, más astuto? La sensación de estar atrapado en una trampa que yo mismo había tendido me ahogaba, y en ese instante, todo mi mundo pareció tambalearse. —Es… es el que me dio Amanda. Del embarazo —respondí, sintiéndome como el hombre más torpe y vulnerable del mundo. La voz me temblaba, y las palabras parecían salidas de un lugar lejano, como si no fueran completamente mías. El peso de la mentira, de la traic

