**ALAI** Sus ojos brillaban con entusiasmo, y en su expresión había una calidez que invitaba a creer en la promesa de un lugar lleno de detalles acogedores: árboles de mango que se alzaban frente a la casa, pan dulce que perfumaba las tardes, y su madre, que cocinaba con una paciencia y un amor que parecían sacados de una novela de abuelas, esas historias que parecen detener el tiempo y envolverte en un abrazo cálido y eterno. —Sofía, en ese pueblo hay hoteles… no es que no quiera, es solo que —dudé, bajando un poco la voz para que no nos escucharan—, no quiero incomodar a nadie. Solo quiero que todo sea perfecto, que no cause molestias. Ella frunció el ceño, se detuvo en seco, y me miró con una intensidad que parecía atravesar mi silencio y llegar directo a lo más profundo de mí, co

