Sentado en la cama Darwin leía una y otra vez la nota que le había dejado Roma y con el resultado del embarazo en su mano no dejaba de repetirse: ¡Me equivoqué! Me equivoqué.. Para Darwin sus errores habían sido tan grandes que por su culpa había alejado a su mujer y perdido a su hijo, Roma había sido muy paciente con él y había soportado su trato poco cariñoso, su amor había sido probado en muchas ocasiones y ella siempre se había quedado a su lado, no había tenido otra relación después de Roma, pero era verdad que nunca le había ofrecido algo más de lo que tenían y según Roma, era un nada, ella tuvo mucha razón al despedirse de él y darle gracias por nada, eso era después de todo lo que él le había dado, un nada, una relación sin compromisos y con futuro incierto. Darwin se sentía muy

