Capítulo 10

2420 Palabras
Mientras mi mente y mi corazón se enzarzaban en un conflicto interno, continué desmontando el comunicador, centrando toda mi atención en la tarea para evitar el contacto visual directo con Draktharos. La atmósfera en la pequeña sala de tecnología estaba cargada de emociones no dichas, y yo necesitaba desesperadamente una distracción para evitar que mi mente se sumergiera en las profundidades de lo que sentía por él. —Draktharos, ¿por qué insistes tanto en que sea reina de Zyphronia? —pregunté, decidida a romper el incómodo silencio que había caído sobre nosotros. Él se enderezó, retirándose un paso atrás para darme espacio, y suspiró profundamente antes de responder, como si estuviera buscando las palabras adecuadas en un mar de pensamientos. —La verdad es que siempre he soñado con tener una reina que me sirva el desayuno en la cama todos los días —contestó con una pausa deliberada. Mi mano encontró una herramienta en la mesa de trabajo, una herramienta que en ese momento parecía contener todas mis frustraciones. Sin previo aviso, la arrojé hacia él, impulsada por una oleada de emociones incontrolables. Draktharos, con unos reflejos asombrosos, se inclinó hábilmente hacia un lado, esquivando la herramienta por centímetros. Esta impactó la pared detrás de él y cayó al suelo con un estruendo metálico que resonó en toda la habitación. El semblante de Draktharos reflejó sorpresa por un instante, pero luego, con una chispa de diversión en sus ojos, esbozó una sonrisa, como si mi arrebato hubiera sido un juego inofensivo. —Parece que tienes una forma bastante peculiar de manifestar tu desacuerdo, ¿no crees? —comentó con una risa sincera, como si mi arrebato hubiera sido un juego inofensivo. Con un último toque, mi comunicador quedó completamente arreglado, pero la tensión en el aire no había desaparecido. —Deja de hacer chistes —respondí, con un tono más serio, mi mirada clavada en la suya, buscando respuestas en esos ojos profundos. —No estaba bromeando cuando dije que quería que fueras mi reina —insistió, su voz resonando con una intensidad que no esperaba. —Hasta donde yo sé, todavía no eres rey. Sin mencionar que ya serías rey hace mucho tiempo si hubieras querido. Dudo mucho que encontrar una reina habria sido el problema por el cual no te coronarte. —le espeté con una mezcla de ironía y franqueza. —Oh, no sabía que eras una admiradora mía —bromeó con persistencia —Por favor, basta —exclamé con un deje de exasperación, consciente de que sus insinuaciones lograban penetrar mi fachada de seriedad. Luchando contra la sonrisa cómplice que amenazaba con aparecer en mi rostro mientras sus ojos nunca dejaban de brillar con ese destello de rebeldía que me intrigaba y atraía. —Por el momento, volvamos con los demás. —Um, por fin dices algo sensato —respondí, tratando de ocultar una sonrisa cómplice ante su indignación fingida, mientras sus ojos nunca dejaban de brillar con ese destello de rebeldía. Abandonamos el laboratorio de tecnología, sumidos en un silencio incómodo que solo se agravaba con cada paso que resonaba en el pasillo. La tensión entre nosotros vibraba en el aire como una corriente eléctrica invisible, imposible de ignorar. Mientras caminábamos juntos por los pasillos de la nave, la distancia que nos separaba parecía desvanecerse con cada paso, como si el universo mismo conspirara a nuestro favor. De manera inesperada, su mano rozó la mía, fue un contacto efímero y delicado, pero suficiente para enviarme un escalofrío por toda la espalda. Al llegar, nos dirigimos de inmediato hacia una imponente pantalla holográfica en la pared. Kalixia, Jane y Ry'gath ya se encontraban allí,con los rostros iluminados por la luz azulada del proyector. El mapa tridimensional en la pantalla tomaba forma, revelando un planeta desconocido. La información sobre este mundo era escasa y evasiva, como si estuviera cuidadosamente oculta. Las coordenadas parpadeaban en la pantalla, difusas e indecisas, mientras una escritura antigua adornaba el mapa, añadiendo un misterio adicional a la situación. —¿Alguna idea de qué podría ser esto? —preguntó Jane, clavando sus ojos analíticos en el mapa tridimensional. Kalixia frunció el ceño y se acercó a la pantalla, sus dedos se deslizaron sobre la superficie holográfica, como si pudiera sentir las respuestas ocultas bajo la superficie. —Esta escritura es definitivamente antigua, pero no se asemeja a ningún idioma conocido Ry'gath, atento como siempre, añadió su observación: —Eso no es todo, las coordenadas son cambiantes. —¿Puedes determinar con qué frecuencia cambian? —pregunté, tratando de encontrar un patrón en esa amalgama de códigos, dibujos y letras que se desplegaba ante nosotros. —No puedo precisar un patrón exacto —sus ojos seguían escudriñando el mapa—. Parece que cambian de forma irregular. —Podría tratarse de algún tipo de sistema de seguridad —sugirió Draktharos, su voz profunda resonando en la habitación. —Es una posibilidad —concordé, sintiendo su presencia tras de mí, su fragancia era una mezcla embriagadora que inundaba mis sentidos, y despertaba emociones que habían permanecido latentes en mi corazón hasta ese momento. Ry'gath, sumándose a la discusión, buscó respuestas en medio de la incertidumbre que nos rodeaba. —No parece haber un patrón horario fijo. Busqué en lo profundo de mis recuerdos en busca de algo que pudiera ayudarme a descifrar el enigmático mapa. Por alguna extraña razón, esas lenguas me resultaban familiares, pero ninguna idea coherente se formaba en mi mente. Suspiré, y la pequeña criatura que se ocultaba tras mi cuello emergió con un suave ronroneo, sacudiendo su peluda melena sobre mi rostro. —¿En qué estás pensando? —inquirió Draktharos, cuyos ojos habían estado observándome durante todo el tiempo que mis pensamientos divagaron entre un mar de antiguos recuerdos. —Hmm, he leído libros sobre idiomas de casi todos los planetas que existen, pero ninguno me recuerda a este tipo de lenguaje —respondí, sintiendo la frustración crecer en mi interior. —Lo entiendo. En la vasta biblioteca de nuestra nave, hemos almacenado registros de innumerables idiomas, y ninguno de ellos se parece siquiera remotamente a esta extraña escritura —concedió él. Nyara, quien se nos había unido en silencio junto con Razzik. Razzik, con su eterno desenfado, se acomodó en una silla cercana, cruzando los brazos detrás de su nuca con una actitud que parecía sugerir que esto no le preocupaba en absoluto. —¿Y qué hay de la biblioteca de tu abuelo? ¿No guardaba libros inusuales con escrituras extrañas? —preguntó Razzik, como si de repente hubiera encontrado la clave. —Mi abuelo no era precisamente un hombre reservado, pero jamás mencionó algo sobre libros extraños con escrituras inusuales —contestó Draktharos La mirada inquisitiva que posé sobre Razzik hizo que su expresión cambiara por completo. Por primera vez, vi un atisbo de temor en sus ojos. —¿Cómo sabes de esos libros? —interpelé, manteniendo mi mirada fija en él. —L... los vi de pasada cuando Draktharos estaba realizando las entrevistas de reclutamiento —titubeó Razzik. —¿Y por qué no lo mencionaste antes? —intervino Jane curiosa Razzik se encogió de hombros, volviendo a su faceta despreocupada y desenfadada. —En ese momento, no le di importancia —respondió con una expresión que revelaba cierta indiferencia. —Supongo que tampoco tendrías razones para hacerlo —reflexioné. El resto del grupo parecía estar de acuerdo, aunque Draktharos, por la expresión en su rostro, parecía escéptico acerca de que su abuelo no hubiera mencionado nada sobre esos libros misteriosos. Entonces, Kalixia irrumpió en la conversación con una expresión que no dejaba lugar a la emoción: —Eso significa que tendremos que volver a Zyphronia. Nyara, aclarando mis dudas ante su expresión, añadió: —Su madre es un poco intensa con la vida personal y s****l de su hija. Mis labios se curvaron en una expresión de entendimiento. "Ah", fue mi única respuesta. —Aunque primero tendría que reunirme con mi tripulación, tengo una misión aún por completar. Draktharos me miró con ojos intensos. —No podemos permitirnos perder más tiempo —me espetó con urgencia. Tomé una profunda bocanada de aire antes de responder, tratando de mantener mi determinación intacta. —No puedo simplemente abandonar una misión sin completarla —Quizás tu tripulación pueda encargarse de ello. Parecen capaces de manejar una tarea tan sencilla. —Él frunció el ceño, sus labios curvados en un gesto de desaprobación. —Así no funcionan las cosas —dije, sintiendo cómo la ira comenzaba a recorrer mi piel. Sin embargo, no permitiría que su mirada ardiente me intimidara. Él se cruzó de brazos, su mirada aún fija en la mía, sin titubear en su postura desafiante. —Entiendo que tengas responsabilidades, pero esta misión tiene implicaciones que van más allá de tu propio encargo. Podríamos estar hablando de la seguridad de muchos. —Y yo también lo entiendo —le aseguré—. Pero no puedo tomar decisiones precipitadas. La tensión entre nosotros persistía, un choque de deber y responsabilidad que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Entonces, Jane, con timidez, intentó encontrar un punto de conciliación en medio de nuestra disputa. —Es muy importante que estés presente —preguntó —Sí, lo es —No creo que tardemos mucho si la ayudamos —propuso Kalixia Era evidente que buscaba evitar el inevitable encuentro que la aguardaba con su madre. —Tampoco pueden estar presentes, mis clientes no son de lo mas convencionales Él sabía perfectamente con qué tipo de personas estaba lidiando, y, aunque pareciera extraño, sus expresiones se convertían en un libro abierto ante mis ojos, revelándome sus pensamientos sin necesidad de esfuerzo alguno. Draktharos entrecerró los ojos, como si estuviera evaluando cada una de nuestras palabras. Su rostro reflejaba una autoridad innegable, y habló con una determinación que llenó la habitación. — Enviaré a mi tripulación a Zyphronia, y yo te acompañaré para encontrarte con tu nave y poner fin a esta situación. Ellos iniciarán la investigación, y cuando lleguemos allí, podremos empezar a trabajar con los datos que hayan recopilado —declaró con firmeza, su voz profunda resonando en el espacio entre nosotros. — ¿Acaso no escuchaste lo que acabo de decir? —repliqué, mi voz temblorosa, desafiante a su insistencia. Nuestros ojos chocaron en un duelo silencioso. — Sí, lo escuché —susurró él, acercándose, su aliento rozando mi piel—. Pero no permitiré que enfrentes este peligro sola. —No es la primera vez, y tampoco necesito tu protección —murmuré, luchando por mantener mi compostura bajo su mirada intensa. Mi corazón latía con fuerza, pero mi determinación permanecía inquebrantable. — Lo sé, también lo sé —admitió, su tono suavizándose, aunque su intensidad no cedía—. Pero mientras luchemos contra la amenaza que acecha la galaxia, no tengo la intención de separarme de ti ni un solo momento. Razzik rompió el silencio con una expresión de anticipación. —Bueno, voy a empezar a empacar —dijo—. Por fin volvemos a casa. ¿A cuántas estrellas contadas crees que tu madre se alegrará por tenerme como yerno? —preguntó, mirando a Kalixia con una chispa traviesa en sus ojos. Ella rodó los ojos, soltando un suspiro exasperado que parecía ser una respuesta recurrente ante las ocurrencias de Razzik. —No necesito que tú fomentes la obsesión de mi madre por emparejarme con alguien —respondió con un tono de voz que llevaba consigo una mezcla de resignación y exasperación. Mientras ellos, inmersos en su pelea constante, se alejaban de la sala de control, Nyara, Jane y Ry'gath abandonaron el lugar en silencio. La tensión que colgaba en el aire era palpable, todos habían percibido la atracción constante que existía entre nosotros dos, como si fuera un secreto a voces que se negaba a ser ignorado. —No me gusta que tomes decisiones por mí —respondí, retomando la conversación con un tono que denotaba una mezcla de desafío y determinación. Él sostuvo mi mirada con una intensidad abrasadora, sus ojos centelleando como estrellas en el espacio infinito. —Prometo no estorbarte en tu trabajo, pero no pienso dejarte sola, y poco me importa qué tripulación esté presente —afirmó, su voz ronca y decidida. —Pensé que me odiabas y ahora quieres interponerte en mi camino —le espeté, sin poder evitar que el resentimiento se filtrara en mis palabras, como un veneno que no podía contener. Mi pecho se llenó de un fuego ardiente que luchaba por encontrar una salida, y mis manos temblaban con el deseo de tocarlo y al mismo tiempo de apartarlo. Él dio un paso hacia mí, su proximidad haciendo que mi respiración se volviera errática. —Querida, nunca he sentido ese sentimiento por ti —murmuró, su voz cargada de una emotividad que parecía escapársele contra su voluntad. Sus ojos se ablandaron por un instante, revelando la pasión oculta detrás de su fachada de dureza. Sus dedos rozaron mi mejilla con una delicadeza sorprendente, como si estuviera tratando de calmar el fuego que arde entre nosotros. A regañadientes, me vi obligada a aceptar su compañía, consciente de que, al menos por el momento, no me dejaría ir sola. Draktharos finalmente dio un paso atrás, rompiendo el contacto visual pero sin deshacer la conexión invisible que persistía entre nosotros. La habitación parecía haberse vuelto aún más pequeña, como si el espacio se contrajera alrededor de nosotros, dejándonos a solas en medio de esa intensa energía que fluía entre nuestros cuerpos. —Te veré más tarde, tengo que encargarme de algunas cosas —anunció, su voz llevando consigo un matiz de urgencia. —Entendido —respondí, sin poder evitar sentirme un tanto intranquila por su partida. —Si necesitas algo del laboratorio, siéntete libre de ir o incluso dar un paseo por la nave. Si requieres ayuda, pediré que alguien te asista. —ofreció —Te lo agradezco, pero no creo que haga falta —contesté, tratando de mantener la distancia que él mismo había establecido. —Bien, entonces te veré para cenar —dijo antes de retirarse Mientras observaba cómo su figura se alejaba, la criatura que se escondía detrás de mi cuello se acomodó en mi hombro para tomar una siesta. —¿Tú también encuentras esto extraño, bola de pelo? —le pregunté con un suspiro de desconcierto. La criatura emitió unos chirridos de disgusto en respuesta. —Está bien, pensaré en un nombre para ti. Solo déjame tiempo para pensarlo detenidamente.
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