Mia. Ya vamos dos controles más y mi bebé no se deja ver, cada consulta estoy más ansiosa que la anterior. Durante estos tres meses me adapte bien a la unidad de inteligencia, aunque el general Taylor es absorvente y súper exigente. Ese hombre no tiene reparo en llamar a cualquier hora, más de una vez me despertó a la madrugada para que lo ayude a investigar algún que otro sospechoso. Mi teléfono suena y me incorporo en la cama tratando de adoptar un posición cómoda debido a que mi panza está cada vez más grande. Miro y suspiro. -Señor, ¿sabe la hora que es?- digo sin importarme que se enoje, tengo jodidamente sueño. -Si y necesito que trabajes. Eso es un problema para usted Russo. -Estaba durmiendo- dejo salir las palabras sin filtro. -Un sábado a la noche¿Dónde está esa juventud?-

