El teléfono no emitía ningún sonido. Silencio. Cierra frunció las cejas y echó un vistazo a su teléfono con el huevo frito con jamón en la boca. Era una llamada con la que estaba un poco familiarizada. —¿Quién es? Si no habla, colgaré. Justo cuando Cierra perdía la paciencia y estaba a punto de colgar, por fin se oyó una voz al otro lado de la línea. —Soy yo. Había un atisbo de cautela en sus palabras. Aun así, Cierra reconoció quién era esa persona. No se lo podía creer y luego se quedó perpleja. Había borrado el número de teléfono de Draven. Aunque había intentado llamarle el primer año que estuvo en el extranjero, había pasado tanto tiempo que casi había olvidado su número de teléfono. Pero, ¿por qué la llamó? ¿No la había puesto ya en su lista negra? —¿Cree que soy yo quien

