—Yo soy el que fue golpeado. Aún no he dicho nada, pero ¿tú lloras primero? Frunció los labios y se echó a reír. —Cierra, ¿no estás mal? ¿Eh? —¡Suéltame! Cierra forcejeó y se atragantó. No se arrepintió. Si él volvía a pedirle que se disculpara con confianza, ella lo haría de nuevo. En este momento, estaba igual de seguro. —No te soltaré. ¿Y si me pegas otra vez si te suelto? No sólo no lo soltó, sino que dio un paso adelante para acortar la distancia que los separaba. La huella de la palma de la mano también fue especialmente llamativa porque dio dos pasos hacia delante. Cierra no tenía camino de retirada. Delante del salón privado estaba la decoración. La rocalla hueca estaba rodeada por un pequeño estanque, y los ladrillos le llegaban a los tobillos. Ella sólo podía tratar d

