Probablemente Draven no esperaba que Cierra dijera eso. Frunció el ceño e inclinó la cabeza para mirarla. Llevaba sus gafas de sol en la cabeza, revelando su delicada carita. Sus labios rojos hacían que su piel pareciera aún más blanca. Era tan encantadora cuando le miraba con sus ojos sonrientes. Draven contuvo la respiración y no supo qué decir. Temía perturbar el hermoso cuadro. Sin embargo, Cierra se negó a callarse. Dio un codazo al hombre que tenía al lado y rompió el hielo. —Oye, te estoy hablando. ¿Por qué te callas? Dijiste que, si te lo suplicaba, podrías divorciarte. No puedes faltar a tu palabra. Draven apartó la mirada con irritación y apretó sus finos labios, ignorándola. Cierra no se rindió. Levantó la mano para mirar la hora y empezó a calcular. —El personal debería

