Siento como unas lágrimas ruedan por mis mejillas, las cuales se secan con el viento. Me abrazo a sí misma para sentir el cálido abrazo de mí misma. ¿Se puede ser más desdichado en la vida que alguien que no tiene a nadie a su lado que le dé un abrazo consolador y celebre sus logros? Creo que no, porque hasta alguien de la calle tiene amigos que de vez en cuando le dan un abrazo y celebran el logro conseguido mientras salen a buscarse la vida. Limpio el residuo que ha quedado en mis mejillas, me doy la vuelta para entrar, pero me encuentro a él detrás. Ya está vestido, cambiado con una camiseta blanca y una bermuda de diferentes colores. Me tenso porque estamos solos, pero mi madre en cualquier momento saldrá. —Abandonaste el lugar donde dijiste que ibas a estar —se viene acercando,

