CAPÍTULO ONCE —Vaya, Katie, te has levantado temprano —dijo Carol conforme entraba en el comedor. Todavía llevaba puesto su pijama de franela rosada con pequeñas rosas. —Solo trato de tenerlo todo bajo control —Kate suspiró, feliz de tomarse un descanso de la pantalla de su ordenador. Tras otra semana frustrante en su oficina, Kate había decidido que sería mejor sentirse frustrada cerca de su proyecto. Había llamado a Carol a última hora del viernes para preguntarle si le molestaría volver a tenerla como invitada. Tres fines de semana seguidos. Carol se metió en la cocina y regresó unos segundos más tarde con dos tazas de humeante café. Kate aceptó la suya, agradecida, y le dio un largo sorbo a la cafeína que tanto necesitaba. No quería confesar lo mal que había dormido después del lar

