Salió al porche de la casa después de darse una ducha caliente y llevarle de cenar a su mamá, se sentó en aquella banca que muchas veces ocupaba para contemplar el cielo, ese era el único recuerdo bueno que tenía, hablaba de ella como si ya no estuviera y desgraciadamente así lo sentía, era como si estuviera muerta en vida, cuando era pequeña le nombro varias constelaciones y le contaba cuentos sobre cada una de ellas. Por suerte esa noche era especialmente estrellada para poder verlas a todas. La pasaba ahí hasta que el sueño la venciera, por lo que decidió preparase una taza de té y mientras bebía un poco del líquido caliente escuchó el rugir de un motor, demasiado escandaloso para su gusto y como si eso no fuera poco lo acompañaba el sonido de una música ruidosa. Cuando el auto se estac

