CAPÍTULO VEINTIDÓS Felene se apoyó contra la pared tan despreocupadamente como pudo. De ninguna manera quería que Estefanía viera que era la única cosa que la sujetaba ahora mismo. —¿Se sorprende al verme? —preguntó Felene, obligándose a sonreír—. No debería. ¿Qué pensó que iba a suceder cuando intentó matarme? —Principalmente —dijo Estefanía—, pensé que tendrías la decencia de morir. Felene hizo una amplia sonrisa al escuchar aquello. —Oh, aquí es donde se equivocó, al pensar que yo tenía alguna decencia. Si hubiera esperado un poco más para traicionarme, tal vez hubiéramos tenido la ocasión de descubrirlo. Estefanía hizo una mueca al escuchar aquello. —En tus sueños, ladrona. Normalmente, Felene hubiera hecho un chiste para todas las cosas que Estefanía podía haber estado haciend

