BELLA POV
—No puede ser.
—¿Me vas a decir qué has hecho? —inquiere mi padre—. ¿Cómo es que tu firma apareció allí y dónde demonios está tu hermana?
—Yo no lo sé, papá —insistí. Me sentía desesperada por todo lo que estaba pasando.
—¡Claro que tienes que saber! —Papá elevó la mano, queriendo pegarme, pero Caleb lo detuvo.
—Ni se te ocurra tocarla, Louis —espetó.
—No sé de qué me están hablando, yo no tengo nada que ver con esto. Ni siquiera sé si mi firma es real. Yo no firmé esto, ¿por qué querría estar casada con alguien que no conozco?
—Por el dinero, claro. Le tenías celos a tu hermana y has hecho esto —dice papá.
—¡Claro que no!
—Vamos al notario y revisemos si la firma es real o no —propone Caleb. Está dolido, se puede ver, pero trata de disimularlo. Es difícil para él aceptar que lo han dejado plantado en el altar.
—Vamos entonces —yo quería llorar porque estoy siendo acusada de algo que está completamente fuera de mí.
Caleb, papá y yo nos montamos al coche. Caleb manejó hacia la notaría y cuando llegamos nos dirigimos donde el abogado de Caleb. Él revisó los papeles y nos dijo que la firma era auténtica.
—¡Yo no recuerdo haber firmado nada de eso! Es absurdo —me defendí.
—Pues tu firma está acá —Caleb insiste.
Traté de hacer memoria de todos los papeles que he firmado en menos de un mes. Entonces, recordé la vez que Ella llegó a mi oficina y me dijo que firmara sin leer su papel para poner la floristería. Esa floristería jamás llegó a ser. La carpeta era igual a esa.
No puede ser, todo fue planeado por mi hermana. ¿Por qué me haría algo así? ¿Acaso no estaba enamorada de Caleb? ¿Qué está pasando aquí? ¿Y dónde está ella? Miré a papá, quien me miraba con mucha furia. Caleb tenía la mirada perdida y era obvio que también estaba furioso.
—Yo... —empecé a decir—. Quizás ella me dio a firmar algo que no leí. Me engañó.
—¿Por qué haría eso? Vamos, Bella, admite lo que has hecho.
—¿Puedo reclamar la herencia? —le pregunta Caleb al abogado—. Al menos podemos terminar este matrimonio.
—No se puede —respondió el abogado—. Un matrimonio no se puede anular de la noche a la mañana, mucho menos el mismo día. Con lo de su herencia, me temo que debe esperar.
—¡j***r! —espetó Caleb y salió de la sala.
Me sentía demasiado mal, poca cosa. Todos estaban en mi contra. Me sentía menos querida.
*
—Así que tendrás que vivir con él y actuar como su esposa mientras él obtiene lo que quiere —me decía papá mientras me ayudaba a meter las maletas al coche. Yo estaba llorando porque me obligaban a irme con un hombre que no amo y a quien ni siquiera conozco. Tendría que vivir con él un tiempo, era su esposa ante la ley. Mi vida había cambiado de la noche a la mañana.
—Papá...
—Shhh, cállate, entra al auto. No hagas esperar a Caleb.
Asentí y me metí al coche. Caleb arrancó rápidamente; el camino fue silencioso. Cuando llegamos a la casa de Caleb, bajé del coche. Él se adelantó para irse dentro, supongo que soy tan desagradable para él que no me quiere ni ver.
Respira, Bella, no hagas caso a sus ofensas. Está dolido por lo que le hizo Ella y, como soy idéntica a ella, entonces le recuerdo su traición. No es mi culpa, no tengo nada que ver con todo esto y resulté ser la más afectada. El mayordomo de la casa vino hacia mí y me ayudó con mis maletas.
—Gracias —le dije, al menos alguien es amable conmigo.
La habitación que me dieron es más o menos grande. Empecé a acomodar mi ropa en el mueble y, cuando eran las siete, bajé a la cocina porque tenía hambre.
—Aquí estás. Encárgate de hacer de comer —me dice Caleb—. Al menos tienes que servir para algo.
—No me hables así —le dije—. No soy tu criada. Si quieres que alguien te haga de comer, entonces ve y llama a una empleada.
Caleb me interceptó en la puerta antes de salir.
—Cuida cómo me hablas, Bella, todavía no me conoces. Me debes mucho, tú y tu familia me deben demasiado. Es lo menos que puedes hacer. No creas que porque eres mi esposa vas a vivir como reina.
—No necesito tu asqueroso dinero —le digo—. Yo tengo mi propio negocio, si estoy aquí es solo para cumplir con lo que mi padre me ordenó. Cuando tú obtengas lo que quieres, entonces me iré y no volverás a verme nunca. —Me quité de su lado y subí escaleras arriba. Era cierto que Caleb puede parecer dominante, pero no iba a dejar que me siguiera humillando. Yo también fui engañada, solamente estoy aquí para hacerle un favor. No es mi obligación.
Cuando conocí a Caleb pensé que era otra clase de chico, pero ahora que lo conozco mejor, me doy cuenta de lo grotesco que es, y eso no le gusta para nada.
Caleb salió por la noche y volvió hasta la madrugada. Oí risas. Venía con alguna mujerzuela. Por la mañana me levanté temprano para poder ir a trabajar, me hice mi desayuno y, cuando iba a salir, me encontré a Caleb en el pasillo. Venía sin camisa, su cabello estaba revuelto y traía una cara que daba miedo.
—¿A dónde crees que vas? —me pregunta.
—A trabajar —respondí—. Y, por favor, deja de traer prostitutas a la casa porque da mala impresión. Si tu abogado se llega a enterar de que eres un esposo infiel, entonces tu herencia tardará mucho más en aparecer.
Caleb se enojó con mis palabras. Me tumbó contra la pared, puso su mano en mi cuello, pero sin apretar fuerte.
—Deja de decirme lo que tengo que hacer, es mi casa. Aquí la intrusa eres tú. —Me soltó y se fue escaleras arriba. Mi corazón latía deprisa ante lo que había pasado. Cada vez me sentía más insegura en esta casa.
Salí del lugar y me dirigí a mi trabajo. En mi taller me sentía mucho más segura, me olvidaba de todo lo malo. No quería regresar a esa prisión llamada casa, no quería ver a Caleb ni escuchar sus insultos. Estuve muy distraída en el trabajo, me pinché varias veces los dedos con la aguja.
—Vete a casa a descansar, Bella —me dice mi ayudante, Ester—. Yo me encargo de cerrar.
—No quiero llegar a casa.
—Vamos, Bella, solo mírate cuántas curitas llevas en los dedos. Anda, yo cierro.
Asentí.
Debía enfrentar mi realidad.
Cuando llegué a casa, escuché música alta. Al entrar, me di cuenta de que Caleb tenía una fiesta con sus amigos en la sala. Estaban jugando billar, tomando y comiendo. Caleb estaba en el sofá, sin camisa. Me miró y su sonrisa se esfumó. No le dije nada, quería irme de allí.
—¡Bella! ¡Un momento! —grita y me detengo para verlo. Caleb me toma del brazo y me lleva al centro de la sala—. Esta es mi esposa —les dice. Caleb está borracho—. En realidad, se suponía que su hermana sería mi esposa, pero esta mujer es bastante astuta para hacer las cosas. Nos engañó a todos y se casó conmigo, ¿por qué creen que sea?
—Por tu dinero —dice uno.
—Si es una zorra como dices, entonces quiero probarla —uno de ellos se acerca—. Muéstranos qué tienes allí debajo —me levantó la camisa, pero yo lo aparté.
—Suéltenme.
—Vamos, no seas aburrida —otro me tomó de la cintura y me pegó a él.
—¡Déjame! —le rasguñé su cara. Caleb solo se había quedado de pie, serio, viendo todo.
—¡Suficiente, es todo! —Caleb apartó a su amigo de mí—. Vete para tu habitación, Bella. —Me ordenó, fue la única vez que le hice caso. Corrí con el corazón latiéndome muy deprisa y me encerré en mi habitación.