**ADAM**
Mientras escucho la pregunta de la estudiante, una mezcla fuerte de emociones se agita dentro de mí como torbellinos furiosos. Su valentía me desafía de una manera que no esperaba, y aunque me esfuerzo por mantener la compostura, su presencia tiene un efecto poderoso sobre mí. Por un instante, me encuentro en estado de desconcierto, sumergido en un remolino de pensamientos y sentimientos que amenazan con abrumarme.
Su respuesta cargada de audacia y determinación, sacude los cimientos de mi confianza habitual me enfrento a una situación inesperada, una prueba de mi capacidad para manejar lo inesperado con gracias y seguridad. Aunque intento ocultar la turbulencia interna que siento, su presencia me desarma de manera inesperada, dejándome momentáneamente sin palabras
- ¡Invitamos al señor Rector! exclama el maestro de ceremonias, interrumpiendo nuestro enfrentamiento y llamando la atención de todos los estudiantes en el auditorio.
Mi mirada se desvía por un momento hacia él, pero mi atención vuelve rápidamente hacia la señorita, cuyo rostro no puedo ver.
-Disculpen la interrupción, dice el rector al entrar en escena, su voz resonaba con autoridad y calma en todo el auditorio. Parece que hemos llegado al final de nuestra ponencia ante de lo esperado.
En eso me acerco al rector para conversar si antes retomar la mirada en el lugar donde estaba la señorita, pero en ese momento un grupo de chicos la cubre, y cuando escucho:
-Lamento mucho la confusión que ha ocurrido esta tarde, continua; dirigiéndose a mí. Y quiero aprovechar este momento para ofrecer mis disculpas por cualquier inconveniente que haya podido causar.
Mientras el rector se disculpa, mi mente divaga hacia esa estudiante. Su postura desafiante y sus palabras cargadas de convicción me hace reflexionar sobre el verdadero significado de liderazgo y valentía.
Una idea comienza a formarse en mi mente, un deseo repentino de conocer más a esta joven estudiante que ha desafiado las expectativas y se ha enfrentado a mí con tanta determinación.
-Señor rector, intervengo, mi voz firme y decidida. ¿Podría hacerme el favor de llamar y presentarme a dicha estudiante y pedirle que nos reunamos en su oficina?
El rector me mira con sorpresa, pero asiente ante mi solicitud, reconociendo la curiosidad en mis palabras.
-Por supuesto, Adam. Haré los arreglos necesarios de inmediato, responde, antes de caminemos hacia su oficina.
Mientras espero la llegada de la joven estudiante, mi mente se llena de preguntas y expectativas. ¿Qué más me podrá enseñarme esta joven estudiante? Estoy ansioso de descubrirlo.
El reloj parece moverse con lentitud mientras aguardo la llegada de ella. Mis pensamientos están revueltos, tratando de anticipar cómo será nuestro encuentro y qué revelará esta joven de carácter fuerte.
Finalmente, escucho el suave toque en la puerta, indicando su llegada. Con su gesto de invitación, le indico que entre, manteniéndome de espaldas para agregar un poco de suspenso a nuestro encuentro.
-Buenas tardes, señor rector, comienza hablar, pero su voz se desvanece en un susurro de sorpresa cuando me giro para enfrentarla.
No puedo evitar sonreír ante su reacción. Pues al observarla detenidamente, me doy cuenta de que es la misma joven con la qué choque temprano en el campus. Aquella que me ignoró por completo y como que si yo no existiera y ahora ha desafiando mi autoridad delante de todo un grupo de estudiantes. La ironía del destino no se pierde en mí en este momento, cuando reconozco que nuestro encuentro fortuito de esta mañana era solo el preludió de un enfrentamiento mucho más significativo.
-Buenas tardes, señorita Victoria; respondo, buscando en el documento que el rector me proporciono. Lindo nombre, por cierto.
Entonces, con una mirada que refleja una mezcla de seriedad y determinación, ella toma la palabra y nos sumergimos en una discusión animada sobre lo ocurrido en el concurso y en la ponencia. Sus argumentos son sólidos y su postura firme, dejando claro que no esta dispuesta a ceder terreno fácilmente. Cada palabra que pronuncia resuena en la oficina, cargada de convicción y pasión por sus creencias.
Su determinación me sorprende y me intriga profundamente. Admiro su espíritu indomable y su capacidad para defender sus ideales con tanta vehemencia. A pesar de que nuestras opiniones puedan diferir, no puedo evitar sentirme atraído por su valentía y su voluntad inquebrantable de luchar por lo que considera justo.
Mientras la discusión continua, me sumerjo en sus argumentos, buscando entender su punto de vista y encontrar puntos en común que nos unan en medio de nuestras discrepancias. En eso su pregunta me devuelve a la realidad.
-Entonces, ¿qué me dices, señor Adam? Pregunta, desafiante; y me doy cuenta de que esta chica no se dejará doblegar fácilmente. Su mirada es como acero, inquebrantable y decidida
Me levanto de la silla y comienzo a caminar alrededor del escritorio, pensativo. Mis pasos son lentos y deliberados, mientras intento encontrar las palabras adecuadas para responder a su desafío. Finalmente, me detengo frente a ella, mirándola fijamente a los ojos, buscando cualquier indicio de vulnerabilidad en su expresión.
-Lo que digo y pienso, es que parecemos una tierna pareja y que estamos teniendo una dulce discusión, ¿no crees? Susurro, acercándome lentamente. La cercanía entre nosotros se vuelve palpable, cargada de una tensión eléctrica que parece llenar la oficina.
Ella retrocede, chocando con el escritorio, y mis brazos se extienden automáticamente para atraparla, dejándola arrinconada. Pero la determinación en su mirada no flaquea y su respuesta es firme y clara.
-No te ilusiones, señor Adam. Eso jamás seria real, me advierte, empujándome con fuerza y liberándose de mi agarre y sale de la oficina.
Su rechazo me deja sorprendido, su determinación y valentía me sorprende una vez más, y en ese momento, sé que he encontrado a alguien que no solo desafiará mis ideas, sino que también me desafiará a mi mismo. Estoy intrigado ya que despierta en mí una chispa de admiración, esta chica es diferente a todas las demás que he conocido, y deseo descubrir más sobre ella, incluso si eso significa que en el proceso tenga que enfrentar dulces y desafiantes discusiones.