Después de la cena, caminamos hacia el estacionamiento, con la brisa nocturno acariciando suavemente nuestros rostros. Cada paso parecía resonar en el silencio de la noche, creando una atmosfera intima y cargada de significado. Al llegar al auto, abrí la puerta para que Victoria se acomodara en el asiento, y luego me deslice hacia el otro lado. Mientras conducía hacia su casa, el silencio entre nosotros no era incomodo, sino lleno de una profunda conexión que parecía envolvernos. Sin pensarlo demasiado, tomé su mano, sintiendo su calor junto a la mía. El contacto era sencillo, pero poderoso, y me sorprendió como había llegado a significar tanto para mí en tan poco tiempo. Era como si nuestras almas estuvieran comunicándose a través de ese toque silencioso. Al llegar a su casa, detuve el

