Joaquín llegó rápidamente después de mi llamada, el rugido del motor de su coche era un sonido tranquilizador en medio de mi caos interno. Subí al auto y le expliqué todo en detalle mientras nos dirigíamos a la casa de Victoria. La angustia en mi voz era evidente. - Amigo, no puedo creer que esto esté pasando. No sé quién pudo haber editado esa conversación, pero tiene que haber sido alguien que sabía exactamente en qué momento usarlo para arruinarlo todo. - Adam, lo solucionaremos. Solo mantén la calma y trata de explicarle a Victoria todo cuando la veamos, me aseguró Joaquín, aunque su propio rostro mostraba signos de preocupación. Llegamos a la casa de Victoria y, tan pronto como salí del coche, los guardaespaldas se acercaron con pasos firmes, bloqueando mi camino de inmediato. Eran

