Zyman emergió de la niebla de forma tan inesperada que Kandera se asustó por un segundo cuando vio su gran figura. Gotas de agua se escurrían de su escultural cuerpo y bajo la luz de la luna su piel, blanca como la nieve, parecía un satén reluciente, tachonado de pequeños diamantes. - ¿Estás lista? - el nigromante la envolvió con una mirada codiciosa y la hechicera sintió una oleada de calor debida a esta manifestación de propiedad, como si una telaraña caliente enredara su cuerpo. - Sí, - miró con pesar el vestido, que una vez consideró un regalo querido para su corazón, y tomó su mano. - Dejaré esto aquí. Es muy pesado. Zyman tomó su capa y sus zapatos y entró en el agua, guiándola con cuidado detrás de él. Kandera casi se asfixió por el frío que se apoderó de ella y el nigromante la

