10. Mi porta planos con pegatinas de Hello Kitty.
¿Cómo se atreve a dejarme así?
Es un idiota. Duke Loundland es un completo idiota.
Iré hasta su casa a recuperar mi Duke al desnudo. Es mío, no suyo, ya lo verá.
Luego de viajar en dos buses, y caminar un kilómetro, al fin estoy delante de su puerta. La puerta principal es de madera oscura, con un tallado impresionante de un león furioso enseñando sus grandiosos e imponentes colmillos. Y las paredes están cubiertas por trepadoras que cubren por completo el concreto. Al igual que todas las casas de este lado de la ciudad, su casa ocupa todo un manzano. Toco el timbre. Ay, carajo… justo ahora me duele la panza de hambre.
Una voz eléctrica me habla.
—¿Bell?
Es Minna.
—Hola Minna, ¿estará por casualidad tu hermano?
—¿Cuál de ellos?
Rayos, ahora me pongo nerviosa, la última vez me había advertido de él y aquí estoy. Me toca hacerme a la distraída.
—Duke —le digo…
A modo de respuesta se escucha el ruido de la puerta abriéndose.
—Pasa. Está en el living.
Antes que se lo agradezca el viiip del portero eléctrico avisa que ha soltado el botón y ya no me escucha.
Pasar por esa puerta me trae recuerdos vergonzosos, pero ya estoy aquí, no voy a marcharme sin lo que es mío.
Voy siguiendo el angosto camino de las piedras hacia la entrada al living de la casa, de lado unos jardines floridos me miran la pasar. El aroma de las flores me relaja, creando una atmósfera única, mágica. Casi ya he olvidado el motivo de mi presencia en esa casa, así que voy repitiéndomelo Duke al desnudo es mío, no saldré si él en las manos.
A simple vista, el living modernísimo y elegante parece desierto. Aparte del orden y la pulcritud parece que ahí no hay vida. Hasta que escucho un tarareo suave…
Esa voz…
Mis ojos van a la dirección de donde proviene.
Ahí está, oculto entre los sofás esquineros. Lo único que se ve son sus cabellos desordenados.
Me pongo delante de él y no puedo ignorar que en esa pose se ve todo un Dios, me querría lanzar a sus brazos, me calienta verlo, es tan sexy y atractivo…
Bien.
Seré directa con él.
—¿Dónde lo tienes? —le pregunto. Duke apenas y se da cuenta que estoy ahí.
—¿He? –Me mira absorto— ¿Acaso lees mi mente? pensaba en ti.
No escucho nada. Tengo oídos de pescado. No caeré en sus redes. Ahora no.
—Vine por mi boceto —le digo ocultándole que babeo por él.
Duke se da cuenta que no le sigo el juego, se saca los auriculares y los deja a un lado, volviendo a adoptar ese porte ególatra que lo distingue.
—Se lo pienso enseñar a mi hermano. Te conviene. No todos los días la gente tiene una oportunidad como esta.
Blah, blah, blah.
No le doy importancia a sus palabras, solo quiero tener de vuelta mi boceto.
—No creo. Devuélvemela.
—Tranquila, ven dame un beso y te diré dónde lo tengo –me mira a los ojos y me derrito, pero no caeré.
—No habrá nada de beso para ti.
—¿Qué? ¿Te ofendiste por algo?
—Tú que crees —le miro a los ojos. Él apenas y se ha movido de su posición relajada.
—Que te dejé caliente y con ganas —dice con una sonrisa.
—Pues no.
—No trates de ocultarlo, se te nota a leguas que te gusto —dice triunfante, como si esa fuera toda la verdad del mundo. Ahora ven, siéntate en mis piernas y dame un beso.
—¿Estás loco? No lo haré.
Acabo de ver mi porta planos con pegatinas de Hello Kitty con una donuts en la boca, a un costado del sillón donde él está. Voy a tomarlo. Duke mete sus manos por debajo de mi falda. Me toca las nalgas.
Mi cuerpo se estremece, es que no me lo esperaba, y a modo de respuesta, siento el mar que hay entre mis piernas. Trato de moverme, de esquivarlo pero el maldito porta planos me lo impide, haciendo que pierda el equilibrio, ya me veo en el suelo con la patas abiertas, delante de él. Qué horror. Qué desastre. Por suerte Duke me trae hacia él y evita que pase ese bochorno. Me incorporo de una, y me arreglo la falta.
—¿Quieres esto de vuelta? —me enseña el porta plano tentándome a saltarle encima para recuperarlo. Esa sonrisa suya me trae loca.
—Sí.
—Entonces ven y dame un beso.
Bien le doy un fabuloso beso en la frente y se la saco de la mano.
—Ya te di tu puto beso.
—Eres una tramposa, sabes que no quería un beso de mi madre —sonríe a medias, sintiéndose burlado. Que pruebe de su propia medicina Al menos ya tengo mi boceto en mi poder.
Abrazo mi porta planos y mi paranoia se activa. Reviso que esté mi boceto dentro.
—Adiós Duke Loundland —le digo lista para marcharme.
—No te despidas aún. No te dejaré marchar así como si nada. Si viniste hasta aquí y entraste por esa puerta sabías lo que iba a ocurrir.