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1190 Palabras
Sorpresa Inesperada Drage y Thalias avanzaban sin descanso, moviéndose de pueblo en pueblo mientras seguían las huellas de la caravana que se había llevado a Leoni volando de noche para que los humanos no vieran su forma de dragón. Cada parada revelaba más detalles de la princesa y las circunstancias de su marcha, intensificando la determinación de Drage por alcanzarla antes de que cruzara la frontera. A medida que avanzaban, el paisaje reflejaba las cicatrices de la guerra: aldeas destrozadas, campos quemados y pobladores que, al verlos pasar, alzaban la vista con una mezcla de miedo y esperanza. Era evidente que el conflicto había dejado profundas heridas en el imperio y Drage podía sentir la tristeza y el resentimiento que pesaban en el aire. En una de las aldeas más cercanas a la ruta principal, encontraron un grupo de ancianas que les contaron sobre la partida de la princesa. Les dijeron que, aunque iba bajo vigilancia, su porte había sido el de una reina, como si ella misma hubiese decidido el destino que la aguardaba. - La vimos pasar hace una semana - dijo una de ellas, sus ojos nublados por la edad y el cansancio - Llevaba la cabeza en alto, sin mostrar temor. Fue como si el mundo se detuviera por un momento. Nadie pensó que una princesa aceptaría ser rehén para protegernos y, sin embargo, lo hizo. Es como si tuviera el fuego de los antiguos en sus venas. En otro pueblo, un hombre describió con más detalle cómo la caravana estaba fuertemente custodiada, y añadió que el general enemigo parecía tomar precauciones extremas. Según él, la princesa había intentado dialogar con los soldados en cada parada, intentando aligerar la tensión que sentían y eso lo había enfurecido. - Decía que no nos diéramos por vencidos, que era rehén para garantizar la paz. Nos miraba a los ojos, como si quisiera que recordáramos su promesa. Por los dioses, nunca había visto tanto coraje en alguien tan joven. Drage escuchaba en silencio, mientras su rostro se endurecía y su determinación crecía. Cada historia añadía una pieza al enigma de Leoni y, aunque no la conocía aún, comenzaba a ver en ella una fortaleza y una nobleza que trascendían cualquier frontera. Para él, su viaje no era solo un rescate; ahora era una misión de honor. Ya cerca de la frontera, un campesino les informó que la caravana había reducido su paso, quizás por el cansancio de los soldados o la desconfianza en territorio ajeno. Quedaban solo cuatro días de camino para alcanzar la frontera. La tensión aumentaba en cada jornada, pero Drage solo tenía un objetivo en mente: encontrar a la princesa y asegurarle que el destino que le aguardaba iba a ser distinto del que cualquier profecía hubiese prometido. - ¿Vas a cruzar la frontera sin ir por los caballeros que nos esperan? - preguntó Thalias confundido acostándose en la manta cerca de la fogata que habían encendido en el bosque. - Con ellos sólo nos atrasaremos. Podemos cruzar la frontera sin problemas... - lo miró con curiosidad - ¿Sabes luchar verdad? - preguntó con desconfianza. - Por supuesto... - dijo el elfo - pero no sabemos cuántos soldados hay y donde la tienen...Estamos a ciegas... - Lo más probable es que esté en el palacio. Es una rehén real... - murmuró Drage... - ¿Y qué es lo que quieres hacer? ¿Entrar como si fueras de visita? - preguntó divertido. - Aún no lo he decidido... - murmuró, pero Thalias lo escuchó. - Duerme un poco...Nos quedan cuatro días hasta la frontera...Tal vez el descanso aclare tus ideas... - le dijo acomodándose en la manta en tanto Drage de mantuvo sentado con la espalda apoyada en un tronco hueco con una mirada en el fuego de la fogata... Habilidad y Presencia La noche era profunda y oscura, el bosque dormía en una quietud que solo era rota por el suave susurro de las hojas. Thalias se había acomodado sobre una manta, respirando pausado mientras dormía, pero Drage no descansaba. Apoyado contra el tronco de un árbol, mantenía los ojos cerrados, atento a los sonidos del bosque y a cualquier amenaza que pudiera acercarse en medio de la penumbra. Entonces, un ligero crujido rompió la calma, el sonido de pasos sigilosos que se aproximaban entre la maleza. Inmediatamente, un olor extraño alcanzó el olfato de Drage; era una mezcla de aire salino y algo eléctrico, que le recordaba al poder de una tormenta a punto de desatarse. Abrió los ojos despacio, tenso, y habló en un tono bajo, pero afilado, proyectando su voz hacia la dirección de los pasos. - Quien quiera que seas, si das un paso más, te mataré. Hubo una pausa breve en la que incluso el bosque pareció contener la respiración, hasta que una risa suave rompió la tensión. Era una risa profunda y contenida, como si se burlara de la amenaza sin tomarla en serio. Una figura alta emergió de entre las sombras, y cuando la luna iluminó su rostro, Drage pudo ver la figura de un hombre joven vestido con elegancia de un salón lo que le hacía parecer fuera de lugar en el entorno boscoso con los ojos intensos que brillaban con un destello afilado. Estaba acompañado de un elfo. - ¿Así recibes a otro dragón, hermano? - dijo la figura, sin perder su sonrisa arrogante - Me esperaba una bienvenida más cálida de tu parte, hermano mayor. Drage se irguió con un leve gruñido, reconociendo de inmediato al recién llegado. - Kavan… - murmuró, sorprendido y con una pizca de irritación, aunque sin bajar la guardia recordando la descripción que le dio Kean - ¿Qué demonios estás haciendo aquí? Kavan, el dragón azul, avanzó unos pasos más, sin mostrar rastro de intimidación. Con una leve inclinación de cabeza, continuó hablando con esa misma arrogancia despreocupada. - ¿No puedo venir a saludar a mi hermano mayor? - respondió, encogiéndose de hombros mientras sus ojos recorrían el campamento improvisado con una mirada de leve interés - Marat nos llamó y estaba demasiado feliz por conocerte por lo que no pude esperar. Supe que estabas en este lado del reino y me pareció una buena oportunidad para… ponernos al día. Drage mantenía una expresión seria, aunque la sorpresa no desaparecía de su rostro. Él y Kavan no se habían visto anteriormente y encontrarlo aquí, en un lugar tan remoto y en un momento tan crítico, era tan inesperado como desconcertante. Thalias, que cambió la respiración al oír las voces, abrió los ojos, percibiendo la energía de Kavan. - Lord Kavan... - dijo sentándose en la manta sin levantarse - Colin (Significa: cachorro) - No seas irrespetuoso, Thalias... - advirtió el elfo al ver que no se levantaba ante el dragón azul, dando un paso amenazante hacia él, pero Kavan lo detuvo. - Pido disculpas por mi centinela...Es un poco impulsivo en ocasiones... - le dijo a Drage. Drage observó a Kavan en silencio, leyendo la arrogancia y la familiar chispa de desafío en los ojos de su hermano menor. Era el menor de los dragones actuales.
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