El mismo día Dallas Damien El rostro de Mark, sus ojos inquietos, ese maldito tic de torcer la boca cada vez que estaba a punto de decir algo que no quería decir, todo en su lenguaje corporal anunciaba tragedia, verdad, miedo. Para mí era evidente que el detective había descubierto una prueba contundente, no una simple pista suelta, no otro camino lleno de migajas destinadas a perderse. Aun así, necesitaba escucharlo de su boca. Necesitaba que Mark respondiera mis preguntas y no seguir especulando en ese vacío que me estaba carcomiendo por dentro. Por un instante, el silencio nos envolvió. Se aflojó la corbata con un gesto brusco, como si le faltara el aire y ladeó la cabeza, evitando mi mirada. Cuando habló, su voz sonó más baja de lo habitual, cargada de una cautela que me crispó los

