El mismo día Dallas Elena Tantas veces sentí esa necesidad de pertenencia, eso que me diga quién era, quién fui en el pasado, pero era como caminar en un laberinto de recuerdos fragmentados, esporádicos y sin sentido, y eso drenaba hasta la última gota de esperanza, entonces recogí lo que había de mí y seguí adelante con mi vida, porque cada vez que miraba atrás encontraba pedacitos de algo que fui y cómo dolía. Y ahora aún me cuesta creer que desperté de ese letargo que me robaba el aire. Duele esto, duele lo que perdí, tanto que es imposible contener las lágrimas, esta opresión en el pecho de saber quién soy… Edith. Levanto la mirada y mi padre me observa en silencio apenas un segundo. Eso basta para verlo quebrarse. —Sí… —responde, y su voz se rompe—. Eres Edith… mi hija… mi peque

