Cuando te conocí

754 Palabras
Fabio Cuando te vi solo quise beber Beber de ti, de ti, de ti Emborracharme así de ti y de ti. Amor a primera vista, Morat Buenos Aires, mayo 2007 Cuando empecé la universidad era un tipo complicado, algunos me hubieran definido como un imbécil, y merecía ese calificativo. Yo mismo lo hubiera hecho y así debería haberme presentado al mundo por esos años. Hacía dos años que me había divorciado, porque había sido tan estúpido de haberme casado a los 19 con mi novia de la secundaria, todo termino mal por supuesto, y desde entonces dejé de creer en el amor. Por entonces me dedicaba a salir, conocer mujeres, y coger con todas, sin ningún tipo de compromiso, siempre aclarando que no buscaba nada serio. Alguna lo entendía y la pasábamos genial, otras se enamoraron, y la cosa se complicaba un poco, por eso yo huía de las que buscaban novio, y pretendían de mí, fidelidad y amor. Ya me habían roto el corazón una vez, y no era tan estúpido para pasar de nuevo por esa experiencia...al menos eso pensaba a los 25 años. Era lunes, seis de la tarde y ese día empezaba la universidad. Estaba caminando mientras buscaba el aula de Antigüedad Clásica en medio de una multitud. Me dolía la cabeza, tenía encima una terrible resaca después de dos días de beber alcohol y fumar porros como un loco todo el fin de semana, con mi amigo Juan y un par de turistas alemanas que habíamos conocido hacía unos días. Iba por el pasillo buscando la clase 106, y junto a la puerta vi a una chica que había llamado mi atención en el curso de ingreso. No debía medir más de metro y medio, pero era una bomba. Tenía cabello n***o lacio, la cola paradita, unos pechos que cabrían perfectamente en la palma de mi mano y una boca que invitaba a besarla. No recordaba su nombre, aunque sabía que lo había escuchado. Tenía unas calzas negras que remarcaban su culo perfecto, y una remera cortita que dejaba ver su ombligo. La vi sosteniendo un cigarrillo en la mano, mirando a su alrededor sin encenderlo. Ajá, está buscando fuego recuerdo haber pensado. Y haber actuado en consecuencia. Como un cazador hacia su presa, caminé derecho hacia ella, prendiendo mi propio cigarrillo sin dejar de mirarla. Llegué a su lado y le pregunté por el aula como si no hubiera sabido dónde estaba. Me miró sonriendo y me pidió fuego. Le saqué el cigarro de la boca y lo encendí con el mío. Ella me miró, mordiéndose el labio inferior, provocando todo tipo de sensaciones en mí cuerpo. Sin dejar de mirarla a los ojos, de un color verde profundo, le puse el cigarrillo encendido en la boca, rozando apenas su labio inferior con el pulgar, casi acariciando sutilmente. Pero el efecto que causó en mí me sorprendió, cuando sentí su aliento caliente en mis dedos y me moví para que no sintiera lo que ese roce había causado. Si sigo así voy a entrar empalmado a la clase, me dije Sin querer se le escapó un comentario sobre mi hoyuelo y se sonrojó de una manera deliciosa. Moría por saber hasta dónde llegaba ese tono rosado. Le respondí que sonreía así cuando algo me gustaba mucho y ella volvió a ruborizarse. La miré de costado sonriendo, apagué el cigarrillo y entré al aula. Al entrar al aula, divisé el único asiento libre, detrás de un pupitre que estaba ocupado con una mochila y allí me acomodé. Estaba perdiendo el tiempo con el teléfono cuando vi entrar a Lucía, que se sentó delante de mí. Me reí por dentro, agradecido por mi buena suerte, Mierda, quiero a esa mujer en mi cama. Y no voy a parar hasta lograrlo, pensé. En medio de la clase me acerqué hacia ella, corrí su pelo y le pedí una lapicera susurrándole al oído. La vi reaccionar cada vez que le decía algo y sonrojarse, y eso me estaba volviendo loco. Al terminar la clase, me paré delante de ella. —¿Me das tu teléfono? — le extendí mi cuaderno para que lo anote— por si me surge alguna duda de esta materia— agregué mientras le guiñaba un ojo, haciendo uso de mis dotes de supuesto conquistador. Ella escribió su teléfono y le dibujó un corazón debajo de su nombre. —Llamame cuando quieras— respondió, y me dio un beso en la mejilla que me dejó sin palabras.
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