Andrei Los sonidos de la mujer que tengo a pocos metros no me alteran en absoluto, aunque preferiría que todo este protocolo se hubiese acabado hace horas, pero no me conviene hacerlo de ese modo. Si bien es cierto que ser sanguinario forma parte de lo que somos; la Bratva tiene códigos que debemos seguir sin cuestionamientos. Me acerco a la pelinegra y ella al fin guarda silencio. Tomo un sorbo de vodka y el resto de la botella lo vierto sobre su piel. Sus gritos me hacen sonreír y aunque pretende soportar el dolor, su resistencia ha menguado desde que la trajeron ante mí para que rindiera cuentas. —Zar… —Yuri se acerca para anunciar a los que espero y con un gesto, ordeno que prosigan. —Andrei… —Mi ceja alzada hace que Viktor se atragante y de un paso atrás, mirando de reojo el esta

