Unos besos en la mejilla me despertaron, sonreí con el corazón acelerado, estaba feliz...muy feliz! Estaba con el amor de mi vida y apesar de lo sucedido siento que soy la mujer más feliz del mundo. Ahora nos encontramos en el islands Cayman, playa, sol, mar, tranquilidad, los besos de mi prometido y nada de violencia, estas son como vacaciones, Christian trabaja desde nuestra habitación, no quiere dejarme sola y tampoco quiere que la prensa empiece a decir estupideces de nosotros. Nuestra casa es inmensa, nadie sabe dónde estamos y aunque le rogue que no quería nada exagerado él insistió en comprarla para mi mayor comodidad, Dios esto es el paraíso y lo mejor es que vivo frente a la playa y que la residencia es privada. Es una mansión de casi 50 millones de dólares, lo sé por que estuve

