Román, Olive, me tenían jodido. El mismo drama, el mismo dilema, solo porque Olive no entiende que no seré su marido, menos el padre de sus hijos. Ella sabía lo que implica algo conmigo y lo aceptó. Eso creía yo, pero me doy cuenta que no ha aceptado una mierda. Roman siempre cumpliendo con los caprichos de su hija se pasa por el forro lo de policía respetable y correcto. Intentando a toda costa que Olive obtenga lo que quiere. —Dirás Roman, ¿cuál es tu urgencia? —pregunto al sentarme en la mesa al fondo del local. —Tu ascenso ya es un hecho valorado y aceptado —anuncia. No soy el favorito de Roman. Hay algo más, de eso estoy totalmente seguro. Su hija es su tesoro más preciado y precisamente yo daño ese tesoro. Contribuir a mi ascenso es un hecho bastante sospechoso. —¿Qué buscas a

